domingo, 14 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba


16 de abril.

Los Mogotes.


Nos despertamos temprano, a las seis ya estaba Jóse esperando para salir a la Villa Panamericana pues de ahí salen los camiones de turismo a las provincias cercanas.
La salida estaba marcada a las siete, pero el transporte llegó hasta a las ocho y diez, pidieron muchas disculpas, nos dieron tres explicaciones y salimos al fin.
Pasamos por otros dos puntos para que subieran otros pasajeros, ya con la gente arriba salimos rumbo a Pinar del Río, a la región de Viñales.
Por el camino nos iban mostrando las presas, los criaderos de pescado, los campos de cultivo, las casas de los guajiros, el lugar donde maduran la hoja de tabaco, en fin, mucho campo.
El primer lugar donde paramos se llama “las panzonas” así llaman a las palmeras que se ensanchan a media altura, dando la impresión que están embarazadas.


Palmeras panzonas.

Luego subimos por una carretera que tiene algunas curvas, la gente de la Habana no está habituada a este tipo de recorridos y estaban algo alterados por el continuo ir y venir de la carretera.
Desde el camión vimos el valle de Viñales, lugar hermoso.
Llegamos al mirador, desde donde se ve en todo su esplendor  “Los Mogotes” que son cerros muy altos y escarpados, tupidos de vegetación, me recuerdan algo a Malinalco, pero estos son de origen calcáreo, todo este territorio es kárstico.


Los Mogotes.

Tras un breve descanso, seguimos el camino hasta La Cueva del Indio, enclavado en los propios mogotes, almorzamos y procedimos a entrar.


Listos para entrar a la cueva.

Se accede por una entrada de regular tamaño, esta nos da acceso a algunas galerías estrechas pero altas, hasta que se llega al “telescopio”, se trata de una restricción donde hay que pasar agachado.
Me acordé de nuestro GRAN amigo Fer Álvarez, seguro que no pasaba por aquí.


Lupita en La Cueva del Indio.

Este paso nos lleva a otras galerías más o menos grandes, hay que anotar que todo el trayecto está trabajado para mayor comodidad del visitante, tiene perfectamente delimitado los accesos, los lugares prohibidos y en todo el recorrido hay luz artificial y piso firme.
Al final se llega a un río subterráneo, nos montamos en una lancha e inició el recorrido.


Leti y Marco en la Cueva del Indio.

Nos adentramos algo río arriba, no mucho, esa parte fue rápida, de regreso el guía nos indicaba las principales formaciones y su interpretación de las mismas, así vimos “El Pez”, “La Culebra”, “El Caballito de Mar”, “Las Tres Carabelas”, “La Calavera”, “El Perfil del Indio”, “El secadero de Tabaco”… en fin, muchas formaciones naturales con imágenes que nos evocan aquellas figuras.


Salida de la cueva.

Salimos a la boca del río, es muy hermoso, descendimos de la lancha y seguimos nuestro recorrido.
El siguiente punto fue “El Mural de la Prehistoria”, no sabía bien que pensar de lo que iba a ver ahí.
Encontramos que es un mural gigantesco, uno de los más grandes del mundo, tiene imágenes que van desde los trilobites, pasan por los grandes saurios, la mega fauna y el hombre moderno, bueno la familia.


Mural de la Prehistoria.

Está pintado directamente en la roca, no me imagino el tremendo trabajo que pasaron para realizar este monumental mural, me parece que fue hecho hacia 1957, luego reviso, por un investigador-pintor de apellido Nuñes, que entre otras cosas, fue alumno de Diego Rivera.


Detalle del mural
Lupita en El Mural de la Prehistoria.




Después de un rato abordamos el camión, regresamos un rato al mirador de Los Mogotes, tomamos unas piñas coladas y emprendimos el viaje de regreso.


Lupita en el mirados de Los Mogotes.

Tengo que contar que Leti padeció durante todo el tiempo que estuvo en Cuba de una tremenda tos que no la dejó en paz y también padeció a Marco en algunos momentos. Uno de esos momentos fue durante el regreso de Viñales. Leti dormía un poco, pues aquella tos no la dejaba ni siquiera descansar durante las noches, justo cuando  descansaba Marco le cantó al oído no sé qué espantosa versión de una espantosa canción.
La mirada de Leti fue épica, no lo fulminó en ese instante porque no tenía energía suficiente para sacar rayos por los ojos. Marco se salvó de milagro.
Ya para la tarde llegamos cansados y contentos a La Habana, el viaje resultó una maravilla.






2 comentarios:

Mariluz Morgan dijo...

No imaginaba que existía eso tan cerca de La Habana... ¡Gracias por seguir llevándome con ustedes!!!! :)

Jesùs magro dijo...

👏🏻

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