miércoles, 31 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.




Quinta de los Molinos.

3 de mayo
Despertamos al amanecer de nuestro último día en Cuba, Ana se va a la Universidad, va a dar una conferencia, nos despedimos de ella con el corazón en la mano.
Rosalía también se va a trabajar, y con Rodrigo en la escuela nos quedamos ante la siniestra sombra de nuestro extraterrestre favorito, Ponce.
Con él fuimos a nuestra última visita, la Quinta de los Molinos.


Quinta de los Molinos.


Este lugar inició como sitio de descanso para los capitanes generales, algo después se convirtió en el jardín botánico de La Habana.
Y sigue siéndolo, actualmente se puede visitar y disfrutar de esta área asombrosa, que cuenta con un pequeño zoológico, miles de plantas y árboles, un mariposario y cuatro ceibas de trescientos años cada una.


Mami Luz y Lupita en el mariposario.

Es un lugar donde la paz reina, es fresco, grande y muy agradable.
Tuvimos el privilegio de visitar este hermoso lugar en compañía de Mami Luz, nuestra entrañable amiga, y claro, de Ponce que también se da a querer.


La Madriguera.

La Quinta de los Molinos tiene una característica muy especial, cuenta con un pequeño foro al fondo del parque, bueno, en realidad no es parte del jardín botánico pero se puede acceder desde el parque.
Este pequeño foro al aire libre llamado “La Madriguera” es muy especial, pues fue ahí donde la Nueva Trova –Silvio incluido- empezó a compartir al mundo su canto y poesía.
No sé si fue su primer foro, pero sí que fue uno de los primeros.


Ponce no combina con la guitarra.

Ponce nos demostró con mucha precisión que lo suyo no es tocar la guitarra.
Ya a la salida de la Quinta, fuimos a un paladar justo en frente, se accede por una estrecha escalera y llegas a un lugar donde te formas, de ahí te pasan a otra fila donde te explican lo que tienen en el menú, eliges tus alimentos y pagas, ojo, es el primer lugar en todo este recorrido donde pagamos antes de consumir los alimentos, ya hecho el trámite nos pasaron a nuestra mesa.



Por una muy buena fortuna nos tocó en la terraza desde donde se puede ver la Quinta de los Molinos, además de ser el lugar más fresco del paladar, adentro hace mucho calor.



Tras un rato de plática nos despedimos de nuestra querida Mami Luz, esperamos verla pronto.
Regresamos a Regla, por supuesto a bordo del Unicornio.
Rosalía nos recibe, nos tiene preparada una muy rica comida.
La plática transcurre placida, ligera, sabemos que en un rato nos iremos. Nadie quiere mencionarlo.
Realmente hablamos de intrascendencias, de absurdos, de asuntos que en unas horas habríamos olvidado.
Rosalía se movió un poco, como para anunciar que diría algo, la miramos.
“No se vayan, pierdan el vuelo”
Yo jugaba a ser el fuerte, a que no me afectaba la despedida. Creo que los demás también jugaban a eso, pero Rosalía fue mucho más honesta.
Y me partió el corazón.
Ana habló por teléfono, no le sería posible ir a casa a despedirnos, ya extraño a nuestra Anita querida.
Jóse llegó puntual con el Unicornio, era hora de partir.
Nos despedimos de nuestros queridos anfitriones Rosalía, Ponce, Rodrigo y Ana, una parte de nuestros corazones se queda con ustedes.
De camino al aeropuerto íbamos callados, creo que por primera vez desde que llagamos.
Por supuesto que Jóse rompió el silencio.
“¡Vaya que nos divertimos!”
Sí, ha sido una visita muy divertida, donde hasta lo que salió mal fue muy disfrutable.
Miro el camino, es el mismo que recorrimos en la llegada, busco sin querer encontrar el asta bandera del parque Lenin, pues es ahí que vimos la primera bandera cubana ondeando y dándonos la bienvenida.






Pronto la encuentro, ondea flamante, ahora nos da la despedida.
También marca la proximidad del aeropuerto.
Los círculos se cierran, Jóse llegó por nosotros y ahora nos lleva, él fue el primer amigo que encontramos en este viaje y ahora es el último que veremos.
Mi fortaleza está hecha añicos.
Llegamos al aeropuerto, nos despedimos de Jóse y del Unicornio, yo ya no puedo más, disimulo algunas lágrimas que me delatan.
Se fue Jóse, lo dije antes y lo digo ahora, este buen amigo se convirtió en parte del grupo en este viaje inolvidable.
Hicimos los trámites normales  y nos fuimos a la sala de espera, una hora después estábamos por abordar la nave.
Toco el fuselaje –siempre lo hago-  y le pido al avión que nos lleve con bien a nuestro destino.
Cierran la puerta, noto el lento rodar hacia la pista de despegue. Aceleramos, siento el instante en que la nave deja de tener contacto con la pista.
Un hermoso atardecer nos acompaña, como el que nos recibió a nuestra llegada.
Los círculos se han cerrado.

Gracias Cuba, hasta pronto.



Lupita de regreso a casa.

martes, 30 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.



Doris


2 de mayo
Hoy por fin fuimos a casa de Doris.
Nuestra querida amiga vive en un departamento en la colonia 10 de octubre, la zona cuenta con muchas lomas, siendo que el departamento de Doris está en la parte alta de su edificio y éste en casi la cima de aquellas lomas.
Esto hace que cuente con una vista privilegiada de la bahía de La Habana y de la capital misma.
Algo similar pasa con la casa de Ana, pero la de Doris tiene mayor altura y eso le confiere una vista diferente.


La Habana



La bahía.

El departamento es amplio, fresco y muy bien iluminado, al estar prácticamente en la cima nada le impide la entrada de corrientes de aire que refrescan el abultado calor habanero.
Dato curioso, la escalera para acceder a la terraza es algo empinada, la primera impresión que me dio es que es igual a la escalinata del módulo lunar.
No es mi intención burlarme de la escalera, bueno, un poco si, cada vez que pasaba por ahí me detenía y en voz alta recitaba aquello de:
“Es un pequeño salto para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”




Doris me mal miraba, pero se reía mucho.
Nos convidó una muy buena comida y unas cervezas bien frías. Bucanero, por supuesto.
Disfrutamos de los alimentos, la cebada, el fresco, la plática y sobre todo de la compañía.


Lupita en la terraza de Doris.

No se adonde se fue el tiempo, corrió sin pedir permiso, celoso de lo bien que lo pasamos en casa de nuestra amiga.
El calor implacable nos terminó por correr de la terraza, por más que quisimos guarecernos de él, terminamos por bajar e instalarnos en la entrada del departamento, donde Doris tiene muy bien dispuestas unas mecedoras y a esa hora el sol no golpea en aquel lugar.
Ya entrada la tarde llego el infatigable Jóse por nosotros, nos despedimos de nuestra amiga y nos fuimos para Regla, mañana es nuestro último día y hay que ir preparando el equipaje para el regreso.
Regla, la sierra chiquita, nuestra base de operaciones en este inolvidable viaje, lugar lleno de tradición y raíz y amigos.



Aun contamos con luz de día, salgo con Rodrigo y lo invito a lanzar un disco de frisbee, para esto fuimos a un parque de beisbol de la localidad, la cancha está en muy buenas condiciones y lo puede usar cualquier persona.
No bien lanzamos el disco cuando ocho pequeños niños y niñas se nos juntan, preguntan, quieren jugar.
Muy pronto se organizó un juego de Ultimate, no creo que sea el primero en Cuba o La Habana, pero seguro que sí es el primero en Regla.
Por estar atento a enseñar cómo lanzar tomar el disco, no llevé cámara, así que no hay fotos. Será para la siguiente ocasión.
Les dejé  un par de discos, Rodrigo los va a administrar, regresamos a casa de Ana, ya es tarde.
Cayó la noche como suele caer en todo el mundo, sin preguntarle a nadie.
En esas estábamos cuando Ponce me pide salir a la calle, lo sigo sin saber que prepara mi amigo extraterrestre.
“Mira allá” me dice y señala al cielo, me está regalando la vista increíble de la Osa Mayor, completa, luminosa, infinita.



Nos quedamos observando en silencio, luego inició la plática al abrigo de los invisibles planetas, de aquellas estrellas brillantes y del fresco de la noche habanera.
Nos despedimos de nuestros amigos, mañana será un día intenso en lo físico y en lo anímico, Rodrigo va a la escuela, Ana a la Universidad, Rosalía a trabajar y Ponce… Ponce nos acompañará en nuestro último día de nuestro viaje.




Lupita y Doris.





lunes, 29 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.




Marcha

1 de mayo
Es el día del trabajo, y uno de los asuntos planificados desde el principio fue participar en la marcha de La Habana.
Lo que no estaba planificado era el cómo, y nuestros amigos habaneros nos organizaron el paso.
Ayer fuimos a la FAC y de ahí nos fuimos a casa de Yamiris, que nos recibió con el corazón abierto.
El lugar donde vive Yamiris y su linda hija Paula, está muy cerca de la Plaza de la Revolución, así que el plan era ir caminando hasta donde pudiéramos incorporarnos a la marcha.


Lupita y Yamiris

Confieso que nunca he participado en la marcha del 1 de mayo acá en mis lares, pues lo han convertido en un asunto corporativo de participación forzosa donde se le rinde pleitecía a  figuras prefabricadas y muy domesticadas, en México la marcha “oficial” es una fiesta donde los trabajadores no están invitados.
No vi eso en La Habana, de entrada cualquier persona puede participar en la marcha sin el absurdo de mostrar una invitación, las calles estaban abiertas a los peatones sin que nadie nos exigiera revisar la bolsa o la mochila y sin pasar por cateo alguno.
Así que caminamos algo, pero encontramos donde sumarnos.
También tengo que decir que acá la marcha es temprano, incluso a las nueve de la mañana ya se acabó todo.
Y es que el calor arrecia, eran las siete y media y ya era sofocante aquello.
Pero igual ya estábamos en marcha.





Justo detrás de nosotros iban los trabajadores del arte, a un lado nuestro los apicultores, cerca algunas escuelas.



Junto a las mantas y las banderas flotaba en el aire la música, tambores, cencerros, cascabeles, cacerolas, cualquier cosa que sirviera para llevar y enriquecer el ritmo.
Y cantos, muchos cantos, casi todo mundo iba cantando.



Lo que noté fue la ausencia de consignas, por supuesto que las había, pero eran pocas y en general la gente optaba por cantar.
Una de las consignas presentes era aquella de “Yo soy Fidel”



No sé por qué avenida íbamos, pero pasa por la plaza de la Revolución y el Memorial a Martí, éramos tantos los participantes que por momentos nos deteníamos por completo.
Yamiris llevó una bandera mexicana que le obsequiamos hace ya dos años, la desplegamos y seguimos con la marcha.



Poco  a poco los contingentes nos rebasaron, la avenida es ancha y nos dejaron atrás, de pronto nos dimos cuenta que estábamos en el cierre de la marcha, justo donde banderas de distintos países coincidimos.





Ahí estaban las banderas de Canadá, de Alemania, de Nicaragua,  Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Guatemala, Venezuela, Turquía, Grecia, España, por ahí otra bandera mexicana ondeaba feliz.
Había muchas más, ahí estábamos nosotros también.
Por fin, después de mucho rato, pasamos por el frente del Memorial a Martí, y ahí estaban los viejos combatientes, sobrevivientes a la guerra y al tiempo, gente que lucho junto al Che, a Cienfuegos, a Frank País, a Aidée Santamaría, a Fidel.
Y ahí estaba Raul.
Justo cuando pasábamos junto al presídium sonó “La Internacional”.
Fue un momento muy emotivo de esta, la primera marcha del 1 de mayo sin Fidel.
Unos pocos metros adelante, la calle se acaba y la marcha también, se guardaron las banderas, se enrollaron las mantas y la gente marcha a sus casas.
En ese preciso momento, un joven que iba a distancia de oído, refiriéndose a la marcha cantó a viva voz:
“Des-pa-cito,  voy caminando pasito a pasito…”
No nos quedó más remedio que reír con ganas.
Regresamos a casa de Yamiris, el calor daba por todo lo alto.


Yamiris y Paula.

Paulita nos obsequió tres piezas de piano pues es el instrumento que estudia, luego nos hizo una pintura hermosa de un gato negro, junto hay un sombrero “de los que usan en México y una sonaja que también usan allá”


Cuadro de Paulita.

Era tiempo de despedirnos, habíamos quedado en ir a casa de Rosalía donde prenderíamos carbón para unas carnes asadas.
Llamamos al infaltable Jóse, pero el incansable Unicornio estaba cansado y en reparación.
Buscamos alternativas, no había como moverse para Regla.
Por fin un amigo de Ana, que andaba por la plaza se apiadó de nosotros y nos llevó para allá.
Llegando a Regla encontramos a Ponce muy contrariado, lo suyo son los platillos voladores y no encender el carbón, de hecho confesó que la última vez que lo intentó empezó a las diez de la mañana y lo logró a eso de las seis de la tarde.
Así que colectamos un poco de ramas y hojas de la localidad, y en menos de lo que lo cuento el carbón estaba encendido.
Comimos y departimos en la terraza de Rosalía, Ponce, Ana y Rodrigo, hermosa tarde de amigos y buen ron.



Lupita en la marcha



domingo, 28 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.



Ángeles en la Fábrica de Arte Cubano

30 de abril.
Tras un tremendo e incómodo viaje nocturno llegamos en la mañana a La Habana, el frío al interior del camión es intenso, los asientos son ergonómicamente incorrectos y una vaca casi deja la salea en la carretera, se atravesó al paso del autobús y la maniobra para esquivarla fue muy notoria.
Salimos de la estación de Via Azul y en cuestión de pocos minutos llegaron Jóse  y el unicornio por nosotros.


Jóse y el Unicornio Azul

Nos llevaron a Regla, donde fuimos muy bien recibidos.
Unos bocaditos después nos duchamos con agua fría, misma que nos supo deliciosa pues el calor de La Habana ya empieza a apretar.
¡Qué calor! No bien dan las nueve de la mañana y la temperatura sube como locomotora.
Nos quedamos en casa de Ana a descansar un rato, el viaje de regreso nos tiene exhaustos.
Ya entrada la tarde, el infaltable Jóse nos llevó a la Fábrica de Arte Cubana.
Es un lugar asombroso, se trata de una antigua fábrica de aceite comestible, bueno, Ponce dijo que había sido de aceite comestible, pero con eso de que cree en extraterrestres, quien sabe,  igual es algo que le dijo un hombrecito verde.


Teatro en la FAC

En fin, tomaron la nave industrial y convirtieron las diferentes bodegas y áreas de fabricación en salas de exposición, teatros, salas de conciertos, tiendas, bares, restaurantes, y sitios de reunión.
No puede uno dejar de ir a este lugar.
En uno de los bares pedimos un mojito, nos ofrecieron  de tres CUC o de cinco CUC, pedimos el de cinco.
Nos dieron un coctel enorme, muy rico y fresco.
Hago un paréntesis, muy al principio de nuestro viaje implanificado pasamos por la Bodeguita del Medio, sin duda famosa y de gran tradición, pero la verdad, los mojitos en Guardalavaca y el la FAC son muy superiores a los  ofrecidos en la bodeguita y a mejor precio.
Cierro el paréntesis.








No sé cómo, no me pregunten pero me perdí ahí dentro, ah sí, encontré a uno de los actores de una obra de teatro que vimos ahí dentro y me quedé a platicar con él, charla corta pero muy buena.
Para cuando traté localizar Rosalía, Ponce y Lupita se habían esfumado.
A sabiendas que íbamos a escuchar un concierto me dirigí al lugar de dichos eventos, no encontré a nuestros amigos, pero Ponce si me vio a mí, es decir, a mi sombrero, creo que era la única persona ensombrerada del lugar.



Por desgracia el grupo a presentarse se tardó mucho y ya tenía un retraso importante, no lo pudimos escuchar.

La pasamos muy pero muy bien, pero ya era algo tarde, así que salimos del lugar y nos fuimos a casa de la querida amiga Yamiris, pues mañana primero de mayo es el desfile y queremos participar en este evento.



Lupita en la Fábrica de Arte Cubano

Diario de un viaje implanificado a Cuba.




Guardalavaca.


29 de abril
Despertamos temprano y fuimos a la playa a despedirnos de ella.
Descubrimos que algunos de los árboles de mangle ya secos, habían sido tallados con primor y hermosura, no supieron decirnos quien fue o fueron los autores.















Una de estas tallas me trae el recuerdo de aquella canción llamada “La Muralla”















Nos pasamos un hermoso momento despidiendo a la playa, en esos momentos pienso que es el punto más lejano a casa que visitaremos en este viaje, y soy feliz aquí al lado de Lupita.







Aún nos quedan algunos días y cosas que hacer, pero el retorno a Holguín y después a la Habana marcan también el retorno a casa.
Y para no variar nuestro viaje implanificado, son las y los amigos habaneros quienes nos están organizando nuestra estancia en la capital de todos los cubanos.
No bien estamos por llegar al departamento vemos a Don Antonio, ya nos espera.
Decimos adiós a Taidé, dueña del departamento donde nos alojamos y dueña también de una increíble capacidad de no parar de hablar y reír.
Don Antonio nos conduce con pláticas, buena charla y estupendo manejo a Holguín, es ahora que nos cuenta que el cerro de la silla guajira se ve claramente de la playa donde desembarcó Cristóbal Colón, que no es Guardalavaca. Ya no queda bien aquello que había yo pensado en la ida.
En Holguín  Marilyn nos brinda su apoyo y amistad, nos permite descansar y darnos un baño.
Salimos a despedirnos de Holguín, llena de gente buena y de gran corazón.


Mural en Holguín,


Don Antonio nos deja en la estación del autobús, nos espera una noche larga y un amanecer en La Habana.




Lupita en Guardalavaca.