martes, 17 de octubre de 2017

Encuentro Lo Cósmico 5 de octubre.

  
La Tropa Cósmica en Bolivia

 En esta ocasión, quiero compartir con ustedes el viaje, corto pero intenso, por este increíble lugar que es el Estado Plurinacional de Bolivia.
   Iniciamos el viaje el 4 de octubre, nuestro vuelo fue nocturno.
   No nos fue posible dormir mucho durante el vuelo, la emoción del encuentro y del viaje nos mantuvieron alertas durante un buen rato.
   Pero al fin nos venció el cansancio, a ratos y a trompicones descansamos.
   En un momento pude ver en el mapa interactivo que habíamos pasado la línea del ecuador, nadie hizo comentario alguno, casi todos los pasajeros dormían.
   Durante los “snaks” nos dieron vino tinto, incluso la tripulación de cabina pasaba constantemente ofreciendo esta bebida.
    No recuerdo el nombre del producto, era terrible, de ahí en adelante pedí agua.
   Durante el vuelo hubo algunos momentos de turbulencia que sacudían la aeronave y que incluso obligaron a suspender uno de estos “snaks”, pero fuera de eso el vuelo fue muy tranquilo.
   Aterrizamos en el aeropuerto de Lima al amanecer del 5 de octubre.
   Perú, tierra de mis ancestros, una de mis raíces.
   Lugar donde vive Mariluz, Inara y familia querida.
   Nuestra conexión salía en muy poco tiempo, no salimos del aeropuerto.
   Tenemos que volver y conocer Lima, saludar a los amigos y rendir homenaje a mis ancestros.
   Despegamos de nuevo, esta vez en un avión más pequeño.
   El viaje fue corto y algo movido. El sol no se asomó y de todas maneras el horizonte se mostraba nublado, así que no pudimos apreciar nada del paisaje.
   Muy pronto el capitán informa que iniciaríamos el descenso, así que todo mundo a sus lugares.
   El cielo se despeja, pronto vemos nuestro lugar de destino, la ciudad de Santa Cruz de la Sierra en Bolivia.
   Hay mucho viento y el avión no deja de sacudirse, es a unos metros de tocar tierra que se estabiliza el aparato.
   Aterrizamos sin problema alguno.
   Aeropuerto de Viru Viru.


Aeropuerto de Viru Viru

   Tras los trámites de rigor, salimos a de llegadas donde ya la tropa boliviana nos esperaba con los brazos abiertos. El encuentro fue muy festivo, pero teníamos que abreviar, había que ir a los hoteles donde los recién llegados estábamos hospedados, prepararnos y salir al encuentro formal de la Tropa Cósmica.
   Lo primero que notamos en Santa Cruz de la Sierra es que no hay sierra alguna en los alrededores, el lugar es más plano que un papel sobre una mesa. Nunca supe el porqué del nombre del lugar.
   Eso y el calor, ya se notaban las primeras luces de la mañana y la temperatura subía como si tuviese prisa por freirnos.
 
Primer amanecer en Bolivia.


 Santa Cruz es una cuidad enorme. Nuestro primer amanecer nos sorprendió en el trayecto al hotel.
   Ya instalados fuimos a desayunar, descansamos un rato y ya por la tarde salimos a pasear por los alrededores.
   Por la tarde nos dirigimos al “Jumechi cultur bar”, donde tendría lugar la inauguración oficial del encuentro tropero.
   Todo bien, salvo que hubo un asunto extra-encuentro que quizá no estaba previsto y que retrasó la inauguración, un par de partidos de futbol donde estaban implicados Perú, Argentina, creo que Colombia y no tengo idea de quien más, hubo que esperar al final de los partidos para iniciar nuestro evento.


Inicio "oficial" del encuentro tropero.

   La tropa boliviana dio el discurso de bienvenida, emotivo y claro, no dejaron dudas de cómo serían aquellos días “a descansar a sus países” nos advirtieron, y cumplieron.
   Inició la cena y la música, prometían seguir hasta la madrugada y más allá, y lo cumplieron.



La descarga.

   La cosa es que al otro día había que salir temprano a Cotoca, así que nos retiramos a una hora prudente para descansar del viaje y de tantas emociones.


Tropa peruana repartiendo Pisco.

   Este primer encuentro fue muy amable y cordial, hubo mucha integración y ganas de conocer nuevos rostros y reconocer viejas amistades. Desde el principio el entendimiento, el respeto y las ganas de convivir marcaron para bien el resto de estos inolvidables días.



viernes, 29 de septiembre de 2017

Sismos desde mi ventana

   Ha pasado ya más de una semana del sismo de 7.1 que sacudió la parte central de la República Mexicana, temblor por demás violento y destructivo.
Pudiera ser que tomara estas líneas para explicar la mecánica de los terremoto del 7 y 19 de septiembre, las tremendas diferencias con el de 1985, las distintas formas de medir la magnitud de la fuerza liberada en estos casos, en fin, datos técnicos, muy interesantes y clarificadores, pero datos fríos.
Prefiero contarles.
Ya desde el sismo del 7 de septiembre había estado tentado a escribir sobre esto, pero en esos días los tremendos huracanes del Atlántico pegaron en las Antillas dejando una estela de destrucción y muerte. Por eso pospuse la idea de esta entrada para otra ocasión.
El 19 no dejó lugar a dudas, les tengo que contar.
Debo pedir una enorme disculpa, una de 60 años pues hasta allá me voy a trasladar.
Uno de los sismos modernos más referenciado hasta antes de 1980 es el conocido como “Terremoto del Ángel” de 1957 o “Sismo del 57” donde uno de los daños más evidentes fue la caída del Ángel de la Independencia en Paseo de la Reforma.


Terremoto del Ángel. 1957


Ángel caído. 1957

De 1957 a 1985 hubo innumerables sismos que afectaron la estructura de cientos de edificios, sin embargo, el ánimo de la gente era en general festivo, no bien se terminaba el sismo dábamos por hecho que nada había pasado y que el único edificio dañado era el cine Roble, resentido desde el 57 y que no podían acabar de reparar.
En el sismo del 14 de marzo de 1979 (magnitud 7.6) el único edificio colapsado fue el de la facultad de arquitectura (¡!) de la Universidad Iberoamericana, afortunadamente este sismo ocurrió muy temprano, antes que hubiese estudiantes y docentes en su interior.

Facultad de arquitectura Universidad Iberoamericana. 1979

Esto funcionó en el sentido de que México era a prueba de temblores. Gran error.
Llegó el 19 de septiembre de 1985.
Aquel terremoto no solo tiró cientos de edificios, dejó miles de fallecidos (10,000 según cifras oficiales, más de 20,000 según cuentas de la población civil), además tiró la absurda creencia de que en la Ciudad de México nunca pasaba nada con los sismos.
Hubo cambios en la forma de vivir y convivir antes, durante y después de un sismo. También se cambiaron las reglas de construcción para evitar mayores desastres.
Y por supuesto. Hubo quien encontró la forma de no cumplir con las reglas, ahorrándose dinero a costa de la seguridad de los habitantes del país.


Hotel Regis. 1985

El sismo del 85 empezó lento, con movimientos horizontales, como los que ya estábamos más que acostumbrados. Pero fuera de amainar como en otras ocasiones, el vaivén no cesaba, era un movimiento que aceleraba sin pausa, cada segundo aumentaba el crujir de las traves y columnas.
Muy poco después el movimiento ya no era horizontal, la casa se movía claramente de arriba abajo, el terremoto ahora era trepitatorio.
No era como antes, no paraba, el ruido de objetos caídos, vidrios rotos, gritos de vecinos… no era algo que hubiésemos vivido antes.
Pasó el sismo y dejó su estela de dolor y muerte. Al otro día, 20 de septiembre, tembló de nuevo dejando en el ánimo de la gente una cicatriz indeleble de lo frágiles que somos.
También dejó grandes enseñanzas en torno a la generosidad y altruismo de mucha gente que auxilió a la población afectada.


Solidaridad ciudadana. 1985

Pasaron 32 años de sismos pequeños y grandes, no bien paraba de temblar las autoridades se apresuraban a jactarse de que no había nada que lamentar, que se reportaba saldo blanco y que la ciudad estaba perfectamente preparada para un sismo como el de 1985.
El 7 de septiembre de 2017 a eso de las 11:50 de la noche, el sonido característico y aterrador de la alarma sísmica partió en pedazos la serenidad del manto nocturno.
No bien salí de casa se empezaron a sentir los embates del sismo, las lámparas se movían al compás del siniestro vals terrestre.
Como en 1985 el movimiento era claramente horizontal, oscilatorio como le dicen, y al igual que el de hace 32 años lejos de parar aumentaba en intensidad.
Las lámparas ya no solo se movían de lado a lado, presentaban violentas variaciones de dirección.
Hubo un asunto que me llamó la atención, el olor del aire.
Era un olor casi desagradable, como el aroma que se desprende al chocar las piedras.
Había gente rezando, gente que murmuraba, gente que en shock preguntaba que qué estaba pasando, caminaban con los ojos en blanco, no veían, no escuchaban, el terror los impulsaba a caminar sin saber a dónde ir.
Como pudimos algunos ayudábamos a calmar a la gente, aun cuando el miedo nos tenía invadido el ánimo a todos.
Y justo en ese momento, con el terremoto encima y casi a la media noche, se fue la luz.
El sonido de la angustia saliendo de todas las gargantas fue claramente percibido.
Fue en ese momento que pude percibir con toda su terrorífica hermosura los destellos que iluminaban el cielo, como relámpagos que iluminaban el cielo desde la tierra, sin sonido, sin estruendo, era la luz del rayo sin el trueno.
En el momento en que el movimiento telúrico se desvanecía, un frio tremendo se desató en los ateridos y temblorosos testigos.
Al fin la tierra se había detenido, las lámparas de las casas y el tendido eléctrico aun oscilaron por unos segundos más.
Tres minutos después el ladrido de los perros llenaba la obscuridad de la noche.
La quietud de los objetos no nos convencía de que ya hubiese terminado el sismo.
Siguió el recuento de daños, sacar los radios para tener información, saber al menos que no estábamos tan mal.


Juchitán, Oaxaca. 2017

Por desgracia en Oaxaca y Chiapas no les había ido nada bien, el terremoto había generado muchos daños e incluso muertes y heridos en aquellas regiones.
Las comunicaciones estaban cortadas, no había teléfono y la señal celular se había caído.
Con un poco de suerte y paciencia pudimos mandar mensajes, enterarnos que nuestras gentes estaban bien, sólo asustados y nada más.
Unas horas después llegó la luz, las líneas telefónicas se restablecieron y pudimos al fin hablar con nuestros familiares.
Regresé a casa, mucha gente prefirió quedarse afuera. Casi nadie durmió.
La vida regresaba a la normalidad.
El 19 de septiembre se conmemoró el 32 aniversario de aquellos terribles sismos que tanta destrucción y luto dejaran a su paso, como todos los años, se realizó un simulacro que no todos toman en serio, sobre todo la generación posterior al terremoto del 85.
A la una catorce de la tarde estaba sentado justo frente a esta misma computadora, en ese momento un sorpresivo movimiento de arriba abajo, como si estuviésemos en una lancha, nos sorprendió.
No hubo alarma sísmica, no hubo aviso alguno. Simplemente empezó a temblar.
Ya desde ese primer movimiento se notó que era un sismo atípico, desde el primer momento se presentó trepitatorio.
- ¡Está temblando, sal! - dije en voz alta para que Lupita saliera a ponerse a salvo, al mismo tiempo ella me advertía alarmada que bajara y saliera de casa.
Habían pasado sólo unos pocos segundos de iniciado el terremoto y ya caminar por la casa era por demás imposible, la forma en que y velocidad con que se movían las paredes nos hacían chocar una y otra vez en nuestro intento por salir al aire libre.
Fue un triunfo abrir la reja, se movía demasiado como para insertar la llave, pero al fin salimos.
No bien nos pusimos a salvo, la alarma sísmica se activó, cuando era más que evidente que este era uno de los terremotos más fuertes del que se tuviese noticia en tierras mexicanas.
Todo se movía sin concierto ni orden, el ruido de la tierra misma sacudida sin piedad, de los objetos cotidianos al caer y romperse en mil pedazos, vidrios rotos, llantos desesperados, ladridos descontrolados, gritos, todo en una mezcla demencial de temor, terror y ninguna certeza de que esto terminara.
Es curioso, pero lo primero que hice al salir fue olfatear el aire para percibir aquel olor del sismo pasado.
No había tal.
Aun a nivel del piso los bruscos movimientos del suelo nos impedían siquiera estar de pie.
Teníamos la certeza que nuestra casa fallaría en sus cimientos y se vendría abajo, el ruido era enloquecedor.
Fue a costa de mucho trabajo, de respirar hondo y lento que no dejamos que el terror nos ganara la carrera, la adrenalina nos brotaba hasta por la mirada.
Poco a poco, muy lento el movimiento empezó a calmarse, la tierra retomó su papel pasivo y nos permitió ser testigos del peor sismo registrado en nuestro país.
Es bien cierto que el de 1985 fue de magnitud mayor (liberó mucha más energía) pero el de este año fue mucho más cercano haciéndolo más intenso.


Daños en calles de la ciudad. 2017

Por supuesto fue muy destructivo, la zona del epicentro sufrió innumerables daños, Puebla y Morelos salieron muy mal y zonas que ya estaban mal por el sismo del día 7 resintieron mayor destrucción.
Las manos han salido a buscar y rescatar desde el primer momento, los voluntarios, los brigadistas, los rescatistas, casi todos han puesto su granito de arena para ayudar en lo que fuera necesario. Han sido los jóvenes quienes primero llegaron a rescatar personas, con las manos desnudas y el miedo en la piel, pero firmes y dispuestos a ayudar.
La clase gobernante se ha visto de nuevo rebasada y torpe, como en 1985.
Las brigadas vinieron de todo el mundo, y a todo el mundo les damos las gracias, grupos especializados en rescate enviados por distintos gobiernos, también vinieron voluntarios que pagaron de su bolsillo su traslado, alimentación y hospedaje y que se fueron sin pedir nada, absolutamente nada a cambio.
Nunca podremos acabar de agradecerles a estas almas generosas que aportaron sus manos, su esfuerzo, voluntad y conocimiento en el rescate de las víctimas de los terremotos del 7 y 19 de septiembre de 2017.





No podemos evitar sismos, huracanes, inundaciones, lluvias y demás eventos naturales, pero podemos estar preparados para evitar mayores daños.

miércoles, 31 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.




Quinta de los Molinos.

3 de mayo
Despertamos al amanecer de nuestro último día en Cuba, Ana se va a la Universidad, va a dar una conferencia, nos despedimos de ella con el corazón en la mano.
Rosalía también se va a trabajar, y con Rodrigo en la escuela nos quedamos ante la siniestra sombra de nuestro extraterrestre favorito, Ponce.
Con él fuimos a nuestra última visita, la Quinta de los Molinos.


Quinta de los Molinos.


Este lugar inició como sitio de descanso para los capitanes generales, algo después se convirtió en el jardín botánico de La Habana.
Y sigue siéndolo, actualmente se puede visitar y disfrutar de esta área asombrosa, que cuenta con un pequeño zoológico, miles de plantas y árboles, un mariposario y cuatro ceibas de trescientos años cada una.


Mami Luz y Lupita en el mariposario.

Es un lugar donde la paz reina, es fresco, grande y muy agradable.
Tuvimos el privilegio de visitar este hermoso lugar en compañía de Mami Luz, nuestra entrañable amiga, y claro, de Ponce que también se da a querer.


La Madriguera.

La Quinta de los Molinos tiene una característica muy especial, cuenta con un pequeño foro al fondo del parque, bueno, en realidad no es parte del jardín botánico pero se puede acceder desde el parque.
Este pequeño foro al aire libre llamado “La Madriguera” es muy especial, pues fue ahí donde la Nueva Trova –Silvio incluido- empezó a compartir al mundo su canto y poesía.
No sé si fue su primer foro, pero sí que fue uno de los primeros.


Ponce no combina con la guitarra.

Ponce nos demostró con mucha precisión que lo suyo no es tocar la guitarra.
Ya a la salida de la Quinta, fuimos a un paladar justo en frente, se accede por una estrecha escalera y llegas a un lugar donde te formas, de ahí te pasan a otra fila donde te explican lo que tienen en el menú, eliges tus alimentos y pagas, ojo, es el primer lugar en todo este recorrido donde pagamos antes de consumir los alimentos, ya hecho el trámite nos pasaron a nuestra mesa.



Por una muy buena fortuna nos tocó en la terraza desde donde se puede ver la Quinta de los Molinos, además de ser el lugar más fresco del paladar, adentro hace mucho calor.



Tras un rato de plática nos despedimos de nuestra querida Mami Luz, esperamos verla pronto.
Regresamos a Regla, por supuesto a bordo del Unicornio.
Rosalía nos recibe, nos tiene preparada una muy rica comida.
La plática transcurre placida, ligera, sabemos que en un rato nos iremos. Nadie quiere mencionarlo.
Realmente hablamos de intrascendencias, de absurdos, de asuntos que en unas horas habríamos olvidado.
Rosalía se movió un poco, como para anunciar que diría algo, la miramos.
“No se vayan, pierdan el vuelo”
Yo jugaba a ser el fuerte, a que no me afectaba la despedida. Creo que los demás también jugaban a eso, pero Rosalía fue mucho más honesta.
Y me partió el corazón.
Ana habló por teléfono, no le sería posible ir a casa a despedirnos, ya extraño a nuestra Anita querida.
Jóse llegó puntual con el Unicornio, era hora de partir.
Nos despedimos de nuestros queridos anfitriones Rosalía, Ponce, Rodrigo y Ana, una parte de nuestros corazones se queda con ustedes.
De camino al aeropuerto íbamos callados, creo que por primera vez desde que llagamos.
Por supuesto que Jóse rompió el silencio.
“¡Vaya que nos divertimos!”
Sí, ha sido una visita muy divertida, donde hasta lo que salió mal fue muy disfrutable.
Miro el camino, es el mismo que recorrimos en la llegada, busco sin querer encontrar el asta bandera del parque Lenin, pues es ahí que vimos la primera bandera cubana ondeando y dándonos la bienvenida.






Pronto la encuentro, ondea flamante, ahora nos da la despedida.
También marca la proximidad del aeropuerto.
Los círculos se cierran, Jóse llegó por nosotros y ahora nos lleva, él fue el primer amigo que encontramos en este viaje y ahora es el último que veremos.
Mi fortaleza está hecha añicos.
Llegamos al aeropuerto, nos despedimos de Jóse y del Unicornio, yo ya no puedo más, disimulo algunas lágrimas que me delatan.
Se fue Jóse, lo dije antes y lo digo ahora, este buen amigo se convirtió en parte del grupo en este viaje inolvidable.
Hicimos los trámites normales  y nos fuimos a la sala de espera, una hora después estábamos por abordar la nave.
Toco el fuselaje –siempre lo hago-  y le pido al avión que nos lleve con bien a nuestro destino.
Cierran la puerta, noto el lento rodar hacia la pista de despegue. Aceleramos, siento el instante en que la nave deja de tener contacto con la pista.
Un hermoso atardecer nos acompaña, como el que nos recibió a nuestra llegada.
Los círculos se han cerrado.

Gracias Cuba, hasta pronto.



Lupita de regreso a casa.

martes, 30 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.



Doris


2 de mayo
Hoy por fin fuimos a casa de Doris.
Nuestra querida amiga vive en un departamento en la colonia 10 de octubre, la zona cuenta con muchas lomas, siendo que el departamento de Doris está en la parte alta de su edificio y éste en casi la cima de aquellas lomas.
Esto hace que cuente con una vista privilegiada de la bahía de La Habana y de la capital misma.
Algo similar pasa con la casa de Ana, pero la de Doris tiene mayor altura y eso le confiere una vista diferente.


La Habana



La bahía.

El departamento es amplio, fresco y muy bien iluminado, al estar prácticamente en la cima nada le impide la entrada de corrientes de aire que refrescan el abultado calor habanero.
Dato curioso, la escalera para acceder a la terraza es algo empinada, la primera impresión que me dio es que es igual a la escalinata del módulo lunar.
No es mi intención burlarme de la escalera, bueno, un poco si, cada vez que pasaba por ahí me detenía y en voz alta recitaba aquello de:
“Es un pequeño salto para un hombre, pero un gran salto para la humanidad”




Doris me mal miraba, pero se reía mucho.
Nos convidó una muy buena comida y unas cervezas bien frías. Bucanero, por supuesto.
Disfrutamos de los alimentos, la cebada, el fresco, la plática y sobre todo de la compañía.


Lupita en la terraza de Doris.

No se adonde se fue el tiempo, corrió sin pedir permiso, celoso de lo bien que lo pasamos en casa de nuestra amiga.
El calor implacable nos terminó por correr de la terraza, por más que quisimos guarecernos de él, terminamos por bajar e instalarnos en la entrada del departamento, donde Doris tiene muy bien dispuestas unas mecedoras y a esa hora el sol no golpea en aquel lugar.
Ya entrada la tarde llego el infatigable Jóse por nosotros, nos despedimos de nuestra amiga y nos fuimos para Regla, mañana es nuestro último día y hay que ir preparando el equipaje para el regreso.
Regla, la sierra chiquita, nuestra base de operaciones en este inolvidable viaje, lugar lleno de tradición y raíz y amigos.



Aun contamos con luz de día, salgo con Rodrigo y lo invito a lanzar un disco de frisbee, para esto fuimos a un parque de beisbol de la localidad, la cancha está en muy buenas condiciones y lo puede usar cualquier persona.
No bien lanzamos el disco cuando ocho pequeños niños y niñas se nos juntan, preguntan, quieren jugar.
Muy pronto se organizó un juego de Ultimate, no creo que sea el primero en Cuba o La Habana, pero seguro que sí es el primero en Regla.
Por estar atento a enseñar cómo lanzar tomar el disco, no llevé cámara, así que no hay fotos. Será para la siguiente ocasión.
Les dejé  un par de discos, Rodrigo los va a administrar, regresamos a casa de Ana, ya es tarde.
Cayó la noche como suele caer en todo el mundo, sin preguntarle a nadie.
En esas estábamos cuando Ponce me pide salir a la calle, lo sigo sin saber que prepara mi amigo extraterrestre.
“Mira allá” me dice y señala al cielo, me está regalando la vista increíble de la Osa Mayor, completa, luminosa, infinita.



Nos quedamos observando en silencio, luego inició la plática al abrigo de los invisibles planetas, de aquellas estrellas brillantes y del fresco de la noche habanera.
Nos despedimos de nuestros amigos, mañana será un día intenso en lo físico y en lo anímico, Rodrigo va a la escuela, Ana a la Universidad, Rosalía a trabajar y Ponce… Ponce nos acompañará en nuestro último día de nuestro viaje.




Lupita y Doris.





lunes, 29 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.




Marcha

1 de mayo
Es el día del trabajo, y uno de los asuntos planificados desde el principio fue participar en la marcha de La Habana.
Lo que no estaba planificado era el cómo, y nuestros amigos habaneros nos organizaron el paso.
Ayer fuimos a la FAC y de ahí nos fuimos a casa de Yamiris, que nos recibió con el corazón abierto.
El lugar donde vive Yamiris y su linda hija Paula, está muy cerca de la Plaza de la Revolución, así que el plan era ir caminando hasta donde pudiéramos incorporarnos a la marcha.


Lupita y Yamiris

Confieso que nunca he participado en la marcha del 1 de mayo acá en mis lares, pues lo han convertido en un asunto corporativo de participación forzosa donde se le rinde pleitecía a  figuras prefabricadas y muy domesticadas, en México la marcha “oficial” es una fiesta donde los trabajadores no están invitados.
No vi eso en La Habana, de entrada cualquier persona puede participar en la marcha sin el absurdo de mostrar una invitación, las calles estaban abiertas a los peatones sin que nadie nos exigiera revisar la bolsa o la mochila y sin pasar por cateo alguno.
Así que caminamos algo, pero encontramos donde sumarnos.
También tengo que decir que acá la marcha es temprano, incluso a las nueve de la mañana ya se acabó todo.
Y es que el calor arrecia, eran las siete y media y ya era sofocante aquello.
Pero igual ya estábamos en marcha.





Justo detrás de nosotros iban los trabajadores del arte, a un lado nuestro los apicultores, cerca algunas escuelas.



Junto a las mantas y las banderas flotaba en el aire la música, tambores, cencerros, cascabeles, cacerolas, cualquier cosa que sirviera para llevar y enriquecer el ritmo.
Y cantos, muchos cantos, casi todo mundo iba cantando.



Lo que noté fue la ausencia de consignas, por supuesto que las había, pero eran pocas y en general la gente optaba por cantar.
Una de las consignas presentes era aquella de “Yo soy Fidel”



No sé por qué avenida íbamos, pero pasa por la plaza de la Revolución y el Memorial a Martí, éramos tantos los participantes que por momentos nos deteníamos por completo.
Yamiris llevó una bandera mexicana que le obsequiamos hace ya dos años, la desplegamos y seguimos con la marcha.



Poco  a poco los contingentes nos rebasaron, la avenida es ancha y nos dejaron atrás, de pronto nos dimos cuenta que estábamos en el cierre de la marcha, justo donde banderas de distintos países coincidimos.





Ahí estaban las banderas de Canadá, de Alemania, de Nicaragua,  Argentina, Brasil, Uruguay, Chile, Perú, Guatemala, Venezuela, Turquía, Grecia, España, por ahí otra bandera mexicana ondeaba feliz.
Había muchas más, ahí estábamos nosotros también.
Por fin, después de mucho rato, pasamos por el frente del Memorial a Martí, y ahí estaban los viejos combatientes, sobrevivientes a la guerra y al tiempo, gente que lucho junto al Che, a Cienfuegos, a Frank País, a Aidée Santamaría, a Fidel.
Y ahí estaba Raul.
Justo cuando pasábamos junto al presídium sonó “La Internacional”.
Fue un momento muy emotivo de esta, la primera marcha del 1 de mayo sin Fidel.
Unos pocos metros adelante, la calle se acaba y la marcha también, se guardaron las banderas, se enrollaron las mantas y la gente marcha a sus casas.
En ese preciso momento, un joven que iba a distancia de oído, refiriéndose a la marcha cantó a viva voz:
“Des-pa-cito,  voy caminando pasito a pasito…”
No nos quedó más remedio que reír con ganas.
Regresamos a casa de Yamiris, el calor daba por todo lo alto.


Yamiris y Paula.

Paulita nos obsequió tres piezas de piano pues es el instrumento que estudia, luego nos hizo una pintura hermosa de un gato negro, junto hay un sombrero “de los que usan en México y una sonaja que también usan allá”


Cuadro de Paulita.

Era tiempo de despedirnos, habíamos quedado en ir a casa de Rosalía donde prenderíamos carbón para unas carnes asadas.
Llamamos al infaltable Jóse, pero el incansable Unicornio estaba cansado y en reparación.
Buscamos alternativas, no había como moverse para Regla.
Por fin un amigo de Ana, que andaba por la plaza se apiadó de nosotros y nos llevó para allá.
Llegando a Regla encontramos a Ponce muy contrariado, lo suyo son los platillos voladores y no encender el carbón, de hecho confesó que la última vez que lo intentó empezó a las diez de la mañana y lo logró a eso de las seis de la tarde.
Así que colectamos un poco de ramas y hojas de la localidad, y en menos de lo que lo cuento el carbón estaba encendido.
Comimos y departimos en la terraza de Rosalía, Ponce, Ana y Rodrigo, hermosa tarde de amigos y buen ron.



Lupita en la marcha



domingo, 28 de mayo de 2017

Diario de un viaje implanificado a Cuba.



Ángeles en la Fábrica de Arte Cubano

30 de abril.
Tras un tremendo e incómodo viaje nocturno llegamos en la mañana a La Habana, el frío al interior del camión es intenso, los asientos son ergonómicamente incorrectos y una vaca casi deja la salea en la carretera, se atravesó al paso del autobús y la maniobra para esquivarla fue muy notoria.
Salimos de la estación de Via Azul y en cuestión de pocos minutos llegaron Jóse  y el unicornio por nosotros.


Jóse y el Unicornio Azul

Nos llevaron a Regla, donde fuimos muy bien recibidos.
Unos bocaditos después nos duchamos con agua fría, misma que nos supo deliciosa pues el calor de La Habana ya empieza a apretar.
¡Qué calor! No bien dan las nueve de la mañana y la temperatura sube como locomotora.
Nos quedamos en casa de Ana a descansar un rato, el viaje de regreso nos tiene exhaustos.
Ya entrada la tarde, el infaltable Jóse nos llevó a la Fábrica de Arte Cubana.
Es un lugar asombroso, se trata de una antigua fábrica de aceite comestible, bueno, Ponce dijo que había sido de aceite comestible, pero con eso de que cree en extraterrestres, quien sabe,  igual es algo que le dijo un hombrecito verde.


Teatro en la FAC

En fin, tomaron la nave industrial y convirtieron las diferentes bodegas y áreas de fabricación en salas de exposición, teatros, salas de conciertos, tiendas, bares, restaurantes, y sitios de reunión.
No puede uno dejar de ir a este lugar.
En uno de los bares pedimos un mojito, nos ofrecieron  de tres CUC o de cinco CUC, pedimos el de cinco.
Nos dieron un coctel enorme, muy rico y fresco.
Hago un paréntesis, muy al principio de nuestro viaje implanificado pasamos por la Bodeguita del Medio, sin duda famosa y de gran tradición, pero la verdad, los mojitos en Guardalavaca y el la FAC son muy superiores a los  ofrecidos en la bodeguita y a mejor precio.
Cierro el paréntesis.








No sé cómo, no me pregunten pero me perdí ahí dentro, ah sí, encontré a uno de los actores de una obra de teatro que vimos ahí dentro y me quedé a platicar con él, charla corta pero muy buena.
Para cuando traté localizar Rosalía, Ponce y Lupita se habían esfumado.
A sabiendas que íbamos a escuchar un concierto me dirigí al lugar de dichos eventos, no encontré a nuestros amigos, pero Ponce si me vio a mí, es decir, a mi sombrero, creo que era la única persona ensombrerada del lugar.



Por desgracia el grupo a presentarse se tardó mucho y ya tenía un retraso importante, no lo pudimos escuchar.

La pasamos muy pero muy bien, pero ya era algo tarde, así que salimos del lugar y nos fuimos a casa de la querida amiga Yamiris, pues mañana primero de mayo es el desfile y queremos participar en este evento.



Lupita en la Fábrica de Arte Cubano