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Quinta de los Molinos. |
3 de mayo
Despertamos al amanecer de
nuestro último día en Cuba, Ana se va a la Universidad, va a dar una
conferencia, nos despedimos de ella con el corazón en la mano.
Rosalía también se va a trabajar,
y con Rodrigo en la escuela nos quedamos ante la siniestra sombra de nuestro
extraterrestre favorito, Ponce.
Con él fuimos a nuestra última
visita, la Quinta de los Molinos.
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Quinta de los Molinos. |
Este lugar inició como sitio de
descanso para los capitanes generales, algo después se convirtió en el jardín
botánico de La Habana.
Y sigue siéndolo, actualmente se
puede visitar y disfrutar de esta área asombrosa, que cuenta con un pequeño
zoológico, miles de plantas y árboles, un mariposario y cuatro ceibas de
trescientos años cada una.
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Mami Luz y Lupita en el mariposario. |
Es un lugar donde la paz reina,
es fresco, grande y muy agradable.
Tuvimos el privilegio de visitar
este hermoso lugar en compañía de Mami Luz, nuestra entrañable amiga, y claro,
de Ponce que también se da a querer.
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La Madriguera. |
La Quinta de los Molinos tiene
una característica muy especial, cuenta con un pequeño foro al fondo del
parque, bueno, en realidad no es parte del jardín botánico pero se puede
acceder desde el parque.
Este pequeño foro al aire libre
llamado “La Madriguera” es muy especial, pues fue ahí donde la Nueva Trova
–Silvio incluido- empezó a compartir al mundo su canto y poesía.
No sé si fue su primer foro, pero
sí que fue uno de los primeros.
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Ponce no combina con la guitarra. |
Ponce nos demostró con mucha
precisión que lo suyo no es tocar la guitarra.
Ya a la salida de la Quinta,
fuimos a un paladar justo en frente, se accede por una estrecha escalera y
llegas a un lugar donde te formas, de ahí te pasan a otra fila donde te
explican lo que tienen en el menú, eliges tus alimentos y pagas, ojo, es el
primer lugar en todo este recorrido donde pagamos antes de consumir los
alimentos, ya hecho el trámite nos pasaron a nuestra mesa.
Por una muy buena fortuna nos
tocó en la terraza desde donde se puede ver la Quinta de los Molinos, además de
ser el lugar más fresco del paladar, adentro hace mucho calor.
Tras un rato de plática nos
despedimos de nuestra querida Mami Luz, esperamos verla pronto.
Regresamos a Regla, por supuesto
a bordo del Unicornio.
Rosalía nos recibe, nos tiene
preparada una muy rica comida.
La plática transcurre placida,
ligera, sabemos que en un rato nos iremos. Nadie quiere mencionarlo.
Realmente hablamos de intrascendencias,
de absurdos, de asuntos que en unas horas habríamos olvidado.
Rosalía se movió un poco, como
para anunciar que diría algo, la miramos.
“No se vayan, pierdan el vuelo”
Yo jugaba a ser el fuerte, a que no
me afectaba la despedida. Creo que los demás también jugaban a eso, pero
Rosalía fue mucho más honesta.
Y me partió el corazón.
Ana habló por teléfono, no le
sería posible ir a casa a despedirnos, ya extraño a nuestra Anita querida.
Jóse llegó puntual con el
Unicornio, era hora de partir.
Nos despedimos de nuestros
queridos anfitriones Rosalía, Ponce, Rodrigo y Ana, una parte de nuestros
corazones se queda con ustedes.
De camino al aeropuerto íbamos callados,
creo que por primera vez desde que llagamos.
Por supuesto que Jóse rompió el
silencio.
“¡Vaya que nos divertimos!”
Sí, ha sido una visita muy
divertida, donde hasta lo que salió mal fue muy disfrutable.
Miro el camino, es el mismo que
recorrimos en la llegada, busco sin querer encontrar el asta bandera del parque
Lenin, pues es ahí que vimos la primera bandera cubana ondeando y dándonos la
bienvenida.
Pronto la encuentro, ondea
flamante, ahora nos da la despedida.
También marca la proximidad del
aeropuerto.
Los círculos se cierran, Jóse
llegó por nosotros y ahora nos lleva, él fue el primer amigo que encontramos en
este viaje y ahora es el último que veremos.
Mi fortaleza está hecha añicos.
Llegamos al aeropuerto, nos
despedimos de Jóse y del Unicornio, yo ya no puedo más, disimulo algunas
lágrimas que me delatan.
Se fue Jóse, lo dije antes y lo
digo ahora, este buen amigo se convirtió en parte del grupo en este viaje
inolvidable.
Hicimos los trámites
normales y nos fuimos a la sala de
espera, una hora después estábamos por abordar la nave.
Toco el fuselaje –siempre lo
hago- y le pido al avión que nos lleve
con bien a nuestro destino.
Cierran la puerta, noto el lento
rodar hacia la pista de despegue. Aceleramos, siento el instante en que la nave
deja de tener contacto con la pista.
Un hermoso atardecer nos
acompaña, como el que nos recibió a nuestra llegada.
Los círculos se han cerrado.
Gracias Cuba, hasta pronto.
Lupita de regreso a casa. |