El 26 y 27 de septiembre de 2014, en una de las zonas más pobres y
marginadas del país, las autoridades cometieron uno de los actos más terribles
de los que se tenga noticia, el arresto, tortura y posterior “desaparición” de
43 estudiantes, aunado a la muerte deliberada de personas por el mero hecho de
ser jóvenes y estar pasando por el sitio.
El gobierno federal tardó casi un mes en reaccionar ante el hecho, en
este tiempo la noticia había recorrido el mundo, muchas organizaciones a lo largo y
ancho del planeta pedían explicaciones, comisiones nacionales e internacionales
de Derechos Humanos señalaban incluso a los responsables de esta atrocidad.
Ya para cuando hubo una muy tibia respuesta oficial, mentes muy torcidas
habían tergiversado los hechos e incluso destruido pruebas que pudieran
identificar a los autores intelectuales y materiales.
Los medios masivos nacionales fueron usados por autoridades de todo
nivel para mostrar una historia llena de inconsistencias y embustes, queriendo
justificar lo injustificable.
Esta respuesta oficial siempre ha estado tratando de ligar a los estudiantes con movimientos subversivos y con la producción y tráfico de enervantes, siendo para la oficialidad un asunto de "ajuste de cuentas" entre gente dedicada al crimen. No han logrado demostrar su hipótesis.
Las víctimas, sobrevivientes de esta noche trágica, defensores de Derechos Humanos, historiadores, investigadores y gran parte de la población civil, señalan al Estado como responsable directo de estos hechos.
La noche del 26 al 27 de septiembre de 2014, un grupo de estudiantes de
la Normal Rural Raúl Isidro Burgos,
fueron comisionados por la asamblea de estudiantil para tomar algunos
autobuses, la idea era preparar un contingente que se presentara a la marcha
que se realiza en la Ciudad de México en conmemoración de la terrible masacre
ocurrida en Tlatelolco el año de 1968.
La respuesta policíaca fue atrozmente desproporcionada, los elementos
abrieron fuego con sus armas de cargo contra los autobuses, los estudiantes
iban desarmados, las autoridades quisieron sembrar dudas al respecto, pero
nunca pudieron demostrar o probar que los estudiantes portaran armas, no hay
evidencia alguna de disparos desde el interior de las unidades de transporte.
Tal fue la desmedida acción policíaca, que incluso un camión que
transportaba a los jugadores de un equipo juvenil de futbol, fue acribillado
con el resultado de tres muertos, un joven jugador y los ocupantes de un taxi
que también pasaba por este lugar y tiempo. Para el 27 de septiembre, todo esto
resultó en seis muertos, más de cien heridos y cuarenta y tres desaparecidos.
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Autobús del equipo de futbol "Avispones" |
“Desaparecidos”, palabra usada por los responsables de estos crímenes
para lavarse las manos y no asumir las consecuencias de sus injustificables
actos.
Hay muchas dudas con respecto a la participación del ejército, los altos
mandos señalan y justifican la no participación de sus elementos, incluso
declararon que fueron engañados por la policía local, lamentable posición del
órgano encargado de salvaguardar la seguridad nacional.
Las declaraciones de los sobrevivientes contradicen la versión
castrense.
Esa noche se cometieron actos terribles, muchachos que en todo caso
debieron ser arrestados y presentados ante la autoridad para ser juzgados por
los cargos que se desprendieran de sus actos, fueron asesinados abiertamente,
como el caso de Julio Cesar Mondragón, joven que fue arrestado por la policía y
pocas horas después fue encontrado muerto, le habían arrancado los ojos y la
piel de la cara. La policía declaró que lo habían encontrado ya fallecido y que
la fauna nociva habría causado el daño en la cara del estudiante. Las
autoridades dieron por buena la historia y no hicieron más averiguaciones.
La verdad histórica propagada por el gobierno federal se ha ido cayendo
desde el mismo día en que fue expuesta, inexactitudes, falacias, testigos muy
cuestionables, torpes interpretaciones, apariciones mágicas de evidencia donde
antes no la había, huesos calcinados sacados de la chistera, incluso imposibles
asuntos físicos como el fuego donde habrían sido cremados los cuerpos, fueron
utilizados para la construcción de esta ficción que nos ha sido machacada noche
y día, hasta la náusea.
Los medios digitales no han sido ajenos a este bombardeo mediático,
grupos de filiación gubernamental, pagados con recursos públicos se dedican a
tergiversar, denostar insultar y hasta se han burlado de los estudiantes de
Ayotzinapa.
Es en estos medios donde gente afín a la posición oficial pide repetir
la “hazaña”, no solo para con estudiantes de las normales rurales sino con la
población indígena del país, en una especie de resurrección de los escuadrones
de la muerte, pues según estas personas sería la forma ideal de terminar con la
pobreza y la marginación.
Hoy se sabe mucho más de aquellos hechos, el esfuerzo por ocultar y
tergiversar la historia no resultó, se sabe del quinto autobús, aquella unidad
que llevaba oculta una carga de goma de opio, se sabe de autoridades coludidas
con narcotraficantes, se sabe de los nexos del gobierno local con los cárteles,
se sabe que el error de los estudiantes fue tomar aquel autobús cargado. Poco
se ha sabido de las circunstancias, pero mucho se ha sabido de las certezas.
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Clemente Rodríguez |
Conocimos y platicamos con Clemente Rodríguez padre de Christian uno de los
43, a dos años el dolor continúa. Juró que el gobierno no lo vería llorar, su
promesa se ve comprometida por el recuerdo de su hijo, de cuando lo pudo salvar
a los escasos ocho meses de edad y que ahora es incapaz de encontrarlo y
salvarlo de nuevo, dos años de extrañar sus risas, sus comentarios, dos años de
no ver su mirada. Los ojos se le llenan de lágrimas y recuerdos luminosos.
Clemente se hizo un tatuaje en el brazo izquierdo, una imagen llena de
raíces y significados, de caminos tortuosos, esperanza de vida y reencuentros,
es la imagen de una tortuga-mariposa que vuela por el laberíntico camino de la
concha del caracol, donde no importa el tiempo, encontrará a su hijo-tortuga y
lo cubrirá con su caparazón-escudo.
Los ejecutores, los de los mandos, los encargados de la administración
pública, todos tienen nombres, todos son responsables, han administrado la
violencia y apostado por el olvido, han hecho hasta lo imposible para cubrir
con “cajas chinas”, noticias falsas, escándalos banales y tonterías los medios nacionales, pero la verdad grita
tan fuerte que no les ha sido posible parar esta voz que se gestó hace ya dos
años y que sigue resonando en México y el mundo; ¡Justicia Ya!
México se ha convertido en un asunto muy triste y extraño, donde las
autoridades de todo nivel ocultan, justifican, intimidan y se niegan a la
búsqueda de los 43, mismas autoridades que se dan a la tarea de dar
recomendaciones oportunas para la búsqueda y localización de los pokemones.
Ante la apuesta por el olvido y la
simulación no queda sino reclamar el recuerdo y exigir justicia para los 43 de
Ayotzinapa, para sus familias, para los 22,000 “desaparecidos”, para todos y
cada uno de nosotros habitantes de México y del mundo, pues nadie merece
padecer la absoluta incertidumbre y angustia de no tener ni siquiera la certeza
de que sus hijos viven o no.
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Nunca más otro Ayotzinapa en ningún lugar del mundo. |