Gente querida de Puente, hoy voy
a hacer algo que nunca se había hecho aquí.
Voy a hablar de deportes.
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Estadio Fray Nano. |
Baseball, béisbol, juego de
pelota, el Rey de los deportes…
¿Cómo entender este juego?
Guía básica para gente que, como
yo, no entiende esta historia.
Bueno, resulta que en México es
muy popular el juego de pelota, el basaball.
Sin duda no tiene la carga
comercial que tiene el futbol, que ya de entrada es una ventaja.
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Diablos Rojos del México. |
Desde hace ya mucho tiempo que mi
corazón está de lado de Los Diablos Rojos del México, sí, así se escribe, del
México, sin embargo, nunca jamás había asistido a un partido, ni de los Diablos
ni de ningún otro.
Así que fue una sorpresa que
gente muy querida nos invitara a un partido de los Diablos aquí en la Ciudad de
México que es casa de este equipo.
Por cierto, el estadio de los
Diablos es el Fray Nano, no es broma, en fin, me puse a averiguar de qué se
trataba este juego.
Entiendo el deporte en general como
el enfrentamiento personal o de equipos, con o sin animales, y en situaciones
equidad.
Mismo tipo de campo, mismo número
de participantes, reglas claras, en fin, con el mínimo de variables posibles
para que el encuentro fuese lo más parejo posible.
Con sorpresa veo que el baseball
no es así.
¿Se imaginan que en una carrera de
caballos un cadi saliera a la pista con tres o cuatro caballos?
¿Se imaginan que en un combate de
box un peleador saliera con dos brazos izquierdos y tres derechos?
Bueno, pues eso mismo pasa con el
Baseball, sale un solo participante de un equipo y se enfrenta a nueve del
equipo contrario ¡Nueve contra uno!
Y si fuese poco esta desigual
situación, un individuo estratégicamente parado en una lomita y con la ventaja
de terreno superior, le tira tamaña pelota de cuero con velocidad y maña como
para pasarle el bólido muy cerca del cuerpo y con eso apantallar y dejar parado
al único representante del equipo contrario.
¡Bien harían en invitarle una
tacita de té o un agua fresca!
Pero no, prefieren arrojar con
fuerza la pelota y en ocasiones incluso pegarle al indefenso y único contrario.
No es raro por tanto que aquel
solitario jugador, con tal de defenderse del otro equipo, salga al campo con un
bonito palo en las manos y procure golpear la pelota, ya que parece estar
prohibido golpear a cualquiera de los contrarios.
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Golpes de la vida. |
Si el solitario jugador golpea la
pelota con fuerza y tino puede invitar amablemente a algunos de los suyos a
entrar al campo de juego, pero en el mejor de los casos serán cuatro contra
nueve, es decir, siempre en desventaja numérica.
En cualquier otro deporte de
equipo cuenta la cantidad de puntos anotados por los equipos participantes,
donde gana el que más anotaciones tiene.
No es así en este extraño
deporte, donde el juego perfecto es aquel donde nadie anota, nadie conecta un
hit y todos mienten pues aseguran que no hay errores.
¿Se imaginan un larguísimo
partido de futbol, de tenis, de basquetbol o cualquier otro donde digan que fue
perfecto porque nadie anotó nada?
Porque sí, además en estos
encuentros el tiempo no cuenta, pueden pasar horas y horas y el partido sigue y
sigue.
Por ejemplo, ahora que fuimos al
estadio Fray Nano, la sexta entrada duró un suspiro, poco más de diez minutos,
la séptima entrada duró más de una hora.
Pero la cosa no termina ahí
¡Faltaba más!
Hay repartidos en el campo cuatro
individuos que todo ven y juzgan, y que ponen todo su empeño en entorpecer el
juego, incluso son felices cuando les marcan errores a los jugadores de ambos
equipos.
Terribles personajes a los que no
se les puede tocar y menos hablarles fuerte porque se ofenden y expulsan a
quien les parece sin dar cuentas a nadie.
Personalmente no me gusta la
violencia y pretendo transitar por senderos más pacíficos, pero siempre es
agradable ver que el pícher (el jugador instalado en la lomita), golpea al ampáyer,
total, siempre van sobreprotegidos con caretas, hombreras, peto y otros
artículos indumentarios que les dan un andar bastante curioso.
Bueno, con toda esta fidedigna información gratuitamente proporcionada por internet, asistimos al Fray Nano, casa de Los Diablos.
Me encontré con un ambiente
festivo, donde aficionados de uno y otro equipo fuimos a pasar un buen rato.
Por supuesto no faltaron
individuos que confunden el apoyo con el insulto, algunos fueron retirados del
estadio, otros se cansaron de provocar y se retiraron solos.
Pero salvo estos muy esporádicos
trogloditas, el resto de los asistentes fuimos a pasar una tarde llena de bien
estar, cerveza muy fresca, cuanta botana pueda uno ingerir y por supuesto la
magnífica compañía de gente a la que queremos mucho.
En el caso de la pelota cubana le
voy a los Cocodrilos de Matanzas, ya que Barbarita, extraordinaria amiga, me
regaló una estampa de éste equipo.
Tarde llena de magia, primera vez
que asistí a un partido, que voy a un estadio y los Diablos, mis Diablos,
ganaron.
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Fray Nano lleno. |
(Con un especial saludo al equipo de “Los Chemamecos”)