No bien acabo de escribir esta
entrada, me entero de la represión a la que han sido sometidos los maestros en
el Estado de Oaxaca, reacción que lleva hasta el momento ocho
fallecidos y decenas de heridos y
“desaparecidos”.
Desde estas sencillas líneas y de
manera personal, pido el cese inmediato de esta represión brutal y absurda, así como el inicio
inmediato del diálogo entre las partes.
Calles de leyenda.
Las leyendas basan su existencia
en la unión fructífera de datos, lugares o hechos reales y la volátil
imaginación popular, basta con un mero accidente, un acontecimiento e incluso
un mal entendido para que un lugar, una edificación o, en este caso, una calle
adquiera notoriedad y trascendencia histórica.
En la muy noble y muy leal Ciudad
de México nos asiste la fortuna y el infortunio. Por un lado, contamos con
calles, calzadas y avenidas que datan de tiempos de la fundación de la Gran
México-Tenoxtitlan (20 de junio de 1325)
tales como la calzada Tepeyac, la calzada Iztapalapa o calzada de Tlalpan.
Caso especial es la calle Tacuba,
de acuerdo con los historiadores esta habría sido la primera avenida construida
en la ciudad azteca, y por tanto tendría algo así como 691 años de existencia.
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Calzada México - Tacuba al lado izquierdo de la imagen |
El infortunio es que la gran
mayoría de los canales perdieron sus nombres originales y ya no es posible
rastrearlos, y junto a los nombres se perdieron también muchas historias que quedaron sepultadas en
el absoluto olvido.
La ciudad de México Tenochtitlan
había sido construida en una pequeña isla del lago que entonces existía en este
valle, la ciudad creció gracias a un ingenioso sistema de construcción llamado
Chinampas, donde ganaban terreno al lago construyendo plataformas regulares
hechas del mismo fango del fondo del lago.
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Chinampas |
Esto dio como resultado tierras
asombrosamente fértiles y canales acuáticos que se utilizaban para comunicación
y transporte.
El lago perdió su volumen, a tal
grado que hoy es prácticamente inexistente (queda algo en Xochimilco) pero los
canales que cruzaban la ciudad quedaron secos.
De entonces para acá, se han
rellenado y pavimentado con piedras, tierra, escombros de los antiguos teocalis
y sobre todo de historias.
Las leyendas que llegan hasta
nosotros tienen raíces muy variadas, existen las precuahutémicas como la
leyenda de la Llorona, de origen colonial como La Manchincuepa, de la
independencia o de la revolución, pero son las coloniales las que más arraigo
han tenido.
Comienzo por contarles una de las
leyendas más antiguas, aunque faltaré un poco al espíritu de esta entrada, pues
no es posible ubicar la calle donde
aconteció este suceso.
Corría el año de 1519, Hernán
Cortes había desembarcado en tierra Yucatán, la noticia debió llegar
lejos muy pronto, incluso hasta la Ciudad de México-Tenochtitlan.
En la Ciudad de los aztecas la noche oscura no presagiaba nada
bueno.
De la más insondable nada el
grito de una mujer desesperada partió en pedazos el silencio del lago y
despertó las más terribles angustias en los habitantes de la ciudad:
“Hay mis hijos” el lamento corría
a ras del agua e inundaba desde las casas más humildes hasta los palacios
imperiales, los altares en los altos teocalis se cimbraban ante aquel grito
desconsolado.
“Hijitos míos, pues ya tenemos
que irnos lejos” repetía el lamento de aquella mujer para al final preguntar al
aire, a la noche, a la nada “Hijitos míos ¿A dónde os llevaré?”
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Chocacihuatl |
El pueblo consultó a los Temiquiximatli,
los conocedores de sueños, a los Temicnamictiani, los interpretadores de
sueños, dijeron que era Chocacihuatl, la
primera madre, la que murió al dar a luz. Los Tonalpouhqui, los que cuentan el
destino, consultaron sus Temicámatl, sus libros especiales y dijeron que era Cihuacoatl, la mujer serpiente que surge del agua y de la montaña, pero en
realidad nunca se supo quién habría sido la mujer que se lamentó de la suerte
que correrían sus hijos los Mexicas.
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Destrucción de la Ciudad de México por los invasores. |
Para 1521 la ciudad estaba
destruida, el humo de los incendios ensuciaba el eterno azul del cielo, las
calles llenas de escombros y podredumbre, las casas habitadas por llantos y
ausencias, los palacios derruidos y sin gobierno, los teocalis abandonados por
sus antiguos dioses y la ciudad entera inundada por un infinito olor a muerte.
Esta es la leyenda de la Llorona,
terrible como los sucesos que le dieron origen.
¿Hay leyendas en tus calles, en
tu ciudad?