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La Señora Sentimiento. |
Su nombre era Romana Elena Burguez González.
Nació en la ciudad de La Habana, Cuba, el 28 de febrero de 1928. Fue una cantante cubana venerada y popular de boleros y de baladas románticas.
Esta atrevida jovencita con voz de contralto, empieza su carrera apenas nacida la década del cuarenta, cuando el movimiento feeling de la cancionística cubana empieza a dar crecientes señales de vida. Ella, como muchas otras figuras de la música popular cubana, debutó en la radio y muy pronto pasó al cabaret.
Como dato curioso y poco conocido, su primer contacto con la música fue a través del tango. Interpretó "Caminito" en 1940 en la radioemisora CMC. Su ídolo en esa etapa era la cantante argentina Libertad Lamarque.
Antes de incursionar como solista, la "Señora Sentimiento" -como se le conociera en vida-, perteneció a agrupaciones afamadas como los Cuartetos de Facundo Rivera, Orlando de la Rosa y el famosísimo Cuarteto D'Aida, que compartió con otras tres gigantes de la canción cubana como son Omara Portuondo, Moraima Secada y Haydée Portuondo:
Aquí, junto a Omara y Moraima, cantando "Amigas":
En 1957, Álvarez Guedes le produjo a Elena Burke su primer disco de larga duración para su sello Gema. El puso condiciones espléndidas desde el punto de vista orquestal, para que ella enseñara sus poderosas cartas credenciales como una de las más importantes voces del cancionero en lengua hispana durante el siglo XX.
Elena canta "Pido permiso"
Elena ha logrado convertirse en vehículo muy especial de los sentimientos de la immensa mayoría de la gente. Ella era admirada entre los más humildes moradores de la mayor de las Antillas, y entre los individuos de más soberbio elitismo. Esta mujer, con su voz de inacabables recursos, se convirtió en un modo de ser de la espiritualidad cubana.
Se supo que estaba gravemente enferma mientras estaba en México. A pesar de ello y aún convaleciente, regresa a La Habana.
Un tiempo después, en el momento en que la radio y la televisión dieron la noticia de que volvería a la Sala Avellaneda a cantar, Cuba se paralizó:
Se abrió el telón y todo el mundo se quedó callado al verla ahí, en un sillón de ruedas con un micrófono delante... El amor pudo más que la incertidumbre y poco después rompió un aplauso interminable, al que ella respondió diciendo: "Yo hubiera querido agredecerles de pie..."
Nadie sabía, ni quería saber, como terminaría aquello. Fue cuando a petición de un admirador que estaba en el tercer balcón, ella comenzó a cantar Yolanda, de Pablo Milanés. Todavía no había llegado ni a la mitad de la canción y se quedó en blanco. Era claro que se la había olvidado la letra. El guitarrista le volvió a dar el pie, ella decía dos o tres palabras y no podía seguir... Entonces los presentes le devolvieron lo que durante décadas ella les había entregado. Un coro de más de dos mil personas se fue alzando: le cantaba a Elena la canción de Pablo.
Desde ese momento se vio bien claro que ella nunca se iba a morir.
Cuando un amigo se va, Elena Burke con su hija Malena.
Ella ha sido de las pocas que logró combinar con sabiduría y buen gusto estilos tan variados como los de Ernesto Lecuona, Silvio Rodríguez, Ignacio Piñeiro, Sindo Garay, Mirta Silva o Pablo Milanés. Y esa es la prueba más rotunda de su condición de gran estilista, que le permitió en vida abarcar cuanto registro y cuanto acorde existe sobre el pentagrama; porque ella descubrió con su voz la maravilla de lo nuevo.
Falleció el 9 de junio de 2002 en La Habana.
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