miércoles, 13 de febrero de 2013

CANDOMBE, herencia africana.


Candombe, herencia africana en el Uruguay.

por Oscar D. Montaño

Candombe es el nombre genérico que reciben diferentes danzas de origen africano en Uruguay, y nace de la conjunción de los más de veinte pueblos africanos que fueron traídos como esclavos a esta región del cono sur. Cada uno de éstos tenía su idioma, su forma de ser, ver y sentir, su cultura, sus danzas y cantos de diferente naturaleza: sacro o profano, festivo o luctuoso, etc.
El candombe fue la danza y la expresión musical-religiosa más importante y significativa del colectivo afro. Y más aún: es hoy una de las expresiones musicales más elocuentes con que cuenta nuestro país. El candombe ha sido tan fuerte, profundo y esencial que en lugar de haber desaparecido –destino al que fue condenado en diferentes etapas históricas de nuestra nación– sobrevivió, venciendo todas las barreras y represiones. Ha impregnado de tal manera nuestra sociedad, que se ha convertido en un elemento cultural que identifica a Uruguay.
Los originarios candombes, realizados por aquellos africanos que encontraban en su música y danza una válvula de escape a la tragedia que enfrentaban, fueron una forma de sentirse vivos, a través de un íntimo e intenso que llamaba a la rebeldía ante las imposiciones y el avasallamiento de que eran objeto.
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Las Antiguas Llamadas

Oscar D. Montaño

Según relatos de Isidoro de María, en Montevideo, al menos desde 1760, y de domingo a domingo, “los amos permitían a sus esclavos que fueran a sus “canchitas” alineadas a lo largo de la muralla que cerraba y cuidaba la ciudad”. En esos pequeños espacios de tierra apisonada, con una capa de arena, se reunían todos los africanos de acuerdo a su nación. Cada grupo iba ‘llamando’ a sus compañeros, los que salían de las casas de sus amos, y se reunían con quienes los ‘LLAMABAN’ desde la calle o desde la canchita. “Y así los cabindas, benguelas, marises, casanchez, moyolos, ukolos, etcétera, se reunían los domingos para sus cantos y bailes entonando sus cadenciosos yé, yé, yé, Calunga yé, eeé llumbá”(1) , narraba Isidoro de María.

Comparsa de Negros y Lubolos

Comparsa de Candombe
Principios del siglo XX
Según Francisco Merino, entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, se “llamaban” los miembros de una comparsa o se unían los negros de cada barrio para “visitar” otros barrios: los de “Ansina” (Barrio Reus al Sur) iban hasta el conventillo de Gaboto (Gaboto entre Cerro Largo y Paysandú), o los de Gaboto iban hasta el “Medio Mundo” en la calle Cuareim. Hoy día, aún se pueden percibir distintos matices de sonoridad o ritmo según el barrio al que pertenece la “llamada”.
Las antiguas llamadas afrouruguayas tenían por finalidad “citar” a los tamboreros que no habían concurrido con puntualidad a la “sala” para, luego de la ceremonia, visitar a las autoridades nacionales. Llama la atención que esa práctica pervive en África con idéntico sentido convocatorio, por ejemplo, los yorubas, de Nigeria, en la zona occidental del inmenso continente, poseen no sólo llamadas de tambores sino también vocales.

El toque de los tambores afromontevideanos:

En el 2003 Uruguay aprobó el texto de la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial y en 2009 se realizó, a iniciativa uruguaya, la inscripción por parte de la UNESCO del candombe uruguayo y su espacio socio cultural, en la lista de bienes culturales e inmateriales. Esto incluye la difusión del candombe como forma de vida y de inclusión.Una forma de vida que llega a todos, un ritmo que hace mover los cuerpos y los espíritus, alentados por manos que sangran de tanto pegarle a la lonja. La misma forma que tenían los negros esclavos de llamar a su lejana tierra africana, hoy la reivindican sus descendientes.
Esclavizados

En esos momentos, al reunirse en las costas montevideanas, evocaban sus vidas en su madre África, haciendo del mar el enlace, el nexo entre aquella y ellos, y afianzando esas tradiciones a través de su fuerza espiritual. En las Salas de Nación, con sus candombes, volvían a ser africanos. En su época cumbre, los africanos organizaban el candombe todos los domingos y en las grandes fiestas de Año Nuevo, Navidad, Resurrección, San Benito, Virgen de Rosario y San Baltasar.


  

viernes, 1 de febrero de 2013

LA RUMBA E IRAIDA

Iraida nos hace bailar

"En el ultimo cuarto hay son...pero yo, me habré ido de rumba...como buen esqueleto rumbero...jajajaja, no son falsas mis jas, son reales... 
Si a mi, la risa me sale facil...si no se confunden o no los confundo."



Iraida, el 1º de febrero del 2012 se fue de rumba como ella nos dijo que se iría, así que, a un año de su partida, pensamos que podríamos acompañarla en su rumbear, de la manera que ella hubiera querido.



Este complejo musical es de raíz africana. Se originó en Cuba como un baile típico de un ambiente caliente y se ha convertido en el baile más clásico de los bailes latino-americanos. La Rumba cubana, compuesta por toques, cantos, bailes y pantomima surgió durante el colonialismo español mientras se producía la expansión azucarera. 

Sus principales protagonistas fueron los negros libres y sus descendientes, pertenecientes a distintas étnicas africanas como la lucumí, ganga, arará y quizás la más significativa de todas: la gangá-bantú. De ellas se tienen referencias históricas asociadas a esta música bailada desde los siglos XVIII y XIX en sitios como barracones, dotaciones, en los campos y zonas suburbanas.

Las canciones hablan a menudo sobre la vida diaria de la gente de color de clase obrera. Muchos de los elementos de la rumba han influido y han enriquecido otros bailes folklóricos: la guaracha, la carioca, el beguine, la conga, el mambo y el cha-cha-cha. 
En 1970 la rumba llegó a Europa de forma estabilizada y comercializada vía Nueva York, donde ya había adoptado elementos del jazz en el son montuno desde 1943, llamado jazz afrocubano.

Los instrumentos musicales empleados para tocar rumba son simples: tres tambores de duelas ligeramente abarrilados llamados "Quinto", "Salidor" y "Tres Golpes"; un par de marugas metálicas (nkembi) que usa en las muñecas el tocador del quinto de la columbia y un par de claves (palitos entrechocantes) con las que el cantante marca el ritmo. Sin embargo, generalmente en el Yambú, y algunas veces en el Guaguancó se emplean dos cajones o envases de madera. El pequeño, casi siempre hecho de un "cajoncito de velas", tiene un sonido más agudo y hace de Quinto; el mayor (algunos de esos envases grandes donde traían el bacalao), de sonido más grave, hace de Tumbadora. Agregándose golpes de cucharas, golpes en las puertas y en todo aquello que le permitía al negro crear de ritmo.


PRINCIPALES ESTILOS DE RUMBAS


YAMBÚ: tiene un origen urbano y parece ser uno de los estilos más antiguos, pues existen referencias sobre el mismo desde mediados del siglo XIX. Su aire es lento.
Representa el coqueteo de la mujer al hombre, y se caracteriza porque en él no se realiza el Vacunao (movimiento pélvico de significación erótica).

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COLUMBIA: por lo general es un baile exclusivo de hombres, aunque algunas mujeres se hicieron famosas por su interpretación del mismo. El origen rural de este género es indudable. 
Este origen rural lo comprobamos en los textos, que aunque inspirados en la temática más variada están constituidos por frases breves, poco pulidas y con abundancia de vocablos africanos, como correspondería a la creación de un elemento humano surgido de plantaciones de cañas o los barracones de ingenios. 
Llegado el momento del baile, algún participante de la fiesta pide permiso, con un gesto, para bailar, y luego de abrirse espacio entre los presentes y de saludar a los tambores hace alarde de su habilidad danzaria. Más tarde, otro bailador lo sustituirá, intentando superar sus pasillos.


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GUAGUANCÓ: es la más elaborada, tanto musical como en lo referente a los textos. El guaguancó es danza típica de los barrios negros de la ciudad de La Habana. Las otras dos variantes (yambú y columbia) son rurales y de la provincia de Matanzas. 
Su canto se hace enteramente en español en vez de usar expresiones africanas o vocabulario del argot de los barrios bajos. En el sentido de los textos el guaguancó está muy relacionado con el "punto cubano", forma que tomó en Cuba la improvisación canaria y andaluza.  El tempo del guaguancó es levemente más lento que el de la columbia y más rápido que el yambú.

En el baile se representa la persecución amorosa del hombre a la mujer: él deseando Vacunarla, y ella intentando picarescamente protegerse del ataque. En esta persecución y huída de profundo contenido erótico se demuestra la habilidad danzaria de la pareja. Hoy se ha estilizado mucho el Vacunao, sugiriéndose a veces con un movimiento del pañuelo y otra parte del cuerpo.


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INFLUENCIAS EN EL MUNDO


RUMBA FLAMENCA: La rumba flamenca es un baile y un palo flamenco de carácter festero. Se conoce también como rumba gitana o simplemente rumba. Su baile se caracteriza por ser un baile sensual y coqueto, rico en movimentos de pelvis, caderas y hombros.
En el siglo XIX existía un intercambio comercial muy activo entre los puertos de Cádiz y Sevilla y los puertos de La Habana. Comerciantes, trabajadores, toreros y cantaores viajaban de España a Cuba y de Cuba a España con frecuencia.
La rumba flamenca surge del aflamencamiento de los ritmos cubanos que los españoles llevaron a España. Los cantaores y guitarristas traducen a la guitarra y a las palmas los sonidos de la guaracha, el son y la rumba guaguancó.
RUMBA CATALANA: La rumba catalana nace en los años cincuenta en las comunidades gitanas de Barcelona. Los creadores de este estilo incorporaron a la rumba flamenca elementos de la música cubana, la música puertorriqueña como la plena y la bomba, y el rock & roll.
Le añaden a la rumba flamenca instrumentos como los bongos, los guiros, los timbales y la conga. Más adelante, la rumba catalana incorpora instrumentos como piano, viento y bajo eléctrico.
LA RUMBA EN ARGENTINA: La rumba llegó a Argentina en la época del esplendor de la música tropical de los sesenta. Varios sectores escuchaban esta música, y en la comunidad que más fuerte impactó fue en los afroargentinos del tronco colonial del Gran Buenos Aires, en especial en los del Partido de la Matanza.  En esto también tuvo que ver el hecho de que algunos músicos cubanos de "música tropical" se quedaron a vivir en el Gran Buenos Aires. Con el paso del tiempo, la rumba cubana se "afroargentinizó", influida especialmente por el candombe porteño, y evolucionó en su toque y pasó a ser llamada rumba abierta.
Cabe recalcar que, a partir del gusto por la rumba abierta y la rumba cubana, esta comunidad de afroargentinos desarrolló un gusto muy especial por la salsa.


Carlos Embale y los Muñequitos de Matanzas - Guaguancó
Ref. www.ecured.cu
      www.wikipedia.org
      www.baile.about.com

domingo, 20 de enero de 2013

VIRULO, Alejandro García Villalón.

Quien haya escuchado a este cubano nacido en el Vedado (barrio de La Habana) el 5 de enero de 1955, no puede dejar de sonreir ante sus canciones, sus ocurrencias y el ingenio de sus letras.


Criado por su abuela, Virulo afirma: " Mi abuela fue la que me crió y la relación con mi abuela era una relación de amistad, pero ella me trasladaba su mundo loco también. Una vez hubo un problema, una crisis familiar alimentaria y hubo que meterle mano a la gallina. Mira, fue el único disgusto que he tenido con mi abuela. Estuvo seis meses sin hablarme, me dijo que yo era un antropófago. Parte de eso fue mi infancia y creo que el humor iba a aparecer de alguna manera."


"Virulo me lo dicen desde tercer grado, una profesora me puso en una lista de asistencia; mi nombre es Alejandro García Villalón, y me puso Alejandro García Virulo, y pasó la lista de asistencia así. Creo que era porque yo jeringaba mucho, hablaba mucho en clases. Virulo en Cuba no significa absolutamente nada, después he sabido que, en Argentina, Virulo es darse un golpe."




Pocos saben que Alejandro García Villalón es arquitecto desde 1981 para cumplir con la promesa de graduarse que le hiciera a su familia. Luego colgó el título, y jamás ejerció. Comenzó su carrera como músico, y su actividad profesional se centró en el arte. Dirigió el Conjunto Nacional del Teatro en Cuba. Ha sido conductor, escritor y director de programas televisivos, director de espectáculos y grupos de teatro, musicalizador de películas y dibujos animados.
Fue director del Conjunto Nacional de Espectáculos de Cuba y del Centro Nacional de Promoción del Humor.



Virulo se confiesa admirador del grupo argentino "Les Luthiers":

"Creo que el humor siempre es un estado comparativo. En el humor alguien va a salir apaleado de todas maneras, es decir hay un estado de criticar una situación, la manera en que se haga es la que puede cambiar los términos de la jugada, porque puede hacerse de una manera agradable, donde nadie salga ofendido.(...) Que nadie salga lastimado, que nadie se moleste. Creo que eso es perfectamente posible. Y ahí está el trabajo de “Les Luthiers”, de más de 40 años."

En este video, "Juegos Sinfónicos", junto a Ernesto Acher (ex integrante de Les Luthiers):



En una entrevista, declara: "Chico, creo que yo no decidí nada, la vida me llevó pa’ allá. Tengo un amigo humorista venezolano que dice una cosa que es muy graciosa, él dice que los humoristas somos gente seria, pero que la gente se ríe con lo que decimos y finalmente siento que eso fue lo que a mí me pasó. Trataba de buscar un camino, de decir lo que yo quería y a mi manera, y salió el humor de una forma totalmente natural. "

Vivió algún tiempo en Venezuela, posee una gran conección con el público venezolano desde que llegó allí de la mano de Silvio Rodríguez.. Luego vivió 18 años en México, donde desarrolló buena parte de su vida artística y familiar.

Regresó a Cuba, donde reside desde 2008.

jueves, 20 de diciembre de 2012

RUBEN MARTINEZ VILLENA

Rubén Martínez Villena


"Tu vida tendrá luz plena de mediodía" 

Así anunció Máximo Gómez, impresionado con la mirada del niño de tres años.

Rubén Martínez Villena nació el 20 de diciembre de 1899 en Alquízar – Artemisa (Cuba) y falleció el 16 enero de 1934 en La Habana (Cuba)

Pequeña reseña de su trayectoria

Casa Natal (hoy museo)
En la casa hoy marcada con el No. 68, situada en una calle que más tarde tomó el nombre de Máximo Gómez nació Rubén Agnelio Martínez Villena.
De su madre, María de los Dolores de Villena y Delmonte (sobrina-nieta del fundador de las famosas Tertulias) heredó los rasgos, la bondad, el refinamiento de los gustos y la atracción por la Literatura. Del padre, Luciano Martínez Echemendía, maestro de la escuela “Hoyos y Junco”, recibió la rebeldía del carácter, el concepto del honor, aquella energía suya emprendedora, la voluntad y el anteponer el deber ante todo. De él heredó también la aptitud intelectual.

La familia se trasladó a La Habana en 1905. Creció en el seno de una familia de origen pequeño – burgués, la cual retorna del exilio que motivó la última guerra por la independencia (1895-1898), fue el primer hijo varón de un matrimonio encabezado por un destacado profesor que llegó a ser posteriormente Decano de las Facultades de Educación, Filosofía y Letras de la Universidad de La Habana y Secretario de Educación en 1935, por lo que se desenvolvió desde niño en un clima donde se respiraban aires de intelectualidad y donde se escuchaban las anécdotas de glorias pasadas, epopeyas patrióticas y las críticas frustrantes por la intervención norteamericana en la casi ganada guerra contra España.

En 1916 se gradúa de Bachiller en Ciencias y Letras y en septiembre del mismo año matricula en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Por aquellos días, publicó su primer artículo en prosa, "Luis Padró". A partir de 1920, las revistas habaneras comenzaron a publicar sus poemas.

A los 21 años es un poeta conocido. Para complacer a su madre se gradúa en 1922 de Doctor en Derecho Civil y Público con excelentes resultados, comenzando a trabajar en el Bufete del sabio y antropólogo cubano Fernando Ortiz, donde se nutrió de ideas revolucionarias y de progreso, descubriéndose como revolucionario y antiimperialista, en contacto con otros jóvenes y personalidades no comprometidos con los partidos políticos tradicionales como Pablo de la Torriente Brau y Emilio Roig de Leuschering.

En 1923 lideró el grupo que suscribió la Protesta de los Trece, ocasionada por la fraudulenta gestión administrativa del presidente Alfredo Zayas al vender el Convento de Santa Clara de Asís.

Consciente de la necesidad de establecer vínculos entre el movimiento obrero y el estudiantado, grupos más radicales de la sociedad cubana, participa en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes invitado por Julio Antonio Mella. Sus estudios de abogacía serían puestos a disposición de J. A. Mella, cumpliendo función de abogado defensor en más de una ocasión.

En junio de 1927 ingresa en la Quinta de Dependientes con el mal que lo llevaría a la muerte, tuberculosis pulmonar, y en septiembre ingresa al primer Partido Comunista de Cuba (creado en 1925), convirtiéndose en uno de los líderes fundamentales de la agrupación.

El general Machado, que en 1925 asumió la presidencia de la república neocolonial, tuvo como permanente adversario a Villena, que dirigió la huelga general y asesoró legalmente la Federación Obrera de La Habana y la Comisión Nacional Obrera, luego de esto Machado ilegalizó el Partido Comunista y la Federación Universitaria, expulsó a Mella de la Universidad y lo encarceló sin pruebas acusándolo de terrorista.

Ante esta arbitrariedad, Mella se declaró en huelga de hambre. Pero Machado no le levantó los cargos y declaró públicamente: “Si no quiere comer, que se joda”
Para interceder por él fueron ante el mismo Machado Muñiz Vergara y Rubén Villena, en casa de un ministro del Gobierno, el poeta le espetó:
 “¡Usted llama a Mella comunista como un insulto y usted no sabe lo que es ser comunista! ¡Usted no debe hablar de lo que no sabe!”.
Machado le contestó: 
“Tiene usted razón, joven… Yo no sé lo es comunismo, ni anarquismo, ni socialismo…Pero a mi no me ponen rabo, ni los estudiantes, ni los obreros, ni los veteranos,… ni Mella. ¡Y lo mato, lo mato!...”
De inmediato Rubén le expresó a Muñiz Vergara: “¡Yo no lo había visto nunca; no lo conocía, sólo había oído decir que era un bruto, un salvaje! ¡Y ahora veo que es verdad todo lo que se dice! ¡Pobre América Latina, pobre América Española, capitán, que está sometida a estos bárbaros! …” .
Minutos después, en el bufete de Ortiz, les dice a él y a Pablo de la Torriente Brau: 
“Es un salvaje, un animal, una bestia…, un asno con garras” con ese mote trascendió Machado a la posteridad.
El 1º de agosto de 1928 contrae enlace matrimonial con Asela Jimenez, a quien había conocido en 1924, y el 23 de junio de 1932 nacerá su hija Rusela Villena.

Tras la muerte de Julio Antonio Mella, en 1929, por acuerdo del Comité Central se convirtió en el principal y más activo dirigente del Partido, desarrollando una ardua labor a pesar de estar afectado de forma aguda por la tuberculosis.
Le corresponde organizar y dirigir la primera huelga política de la Historia de Cuba que paralizó el país por más de 24 horas el 20 de marzo de 1930.

Posteriormente Viaja a la URSS como forma de escapar del terror que sobre él se desata y con el objetivo de tratar de curarse de la tuberculosis. En Moscú sostiene un constante intercambio con los teóricos del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) y del marxismo – leninismo, desarrollando, en su fuero interno, un proceso de negación dialéctica de las concepciones marxistas y de la teoría de lucha del proletariado para adaptarlas a las condiciones de la Cuba de la década de 1930.

En una carta a su mujer, desde la URSS, le comenta en 1930, cuando hasta escribir le agotaba:
“mi último dolor no es el de dejar la vida, sino dejarla de modo tan inútil para la Revolución y el Partido, tengo el consuelo de haberte ayudado a dar un contenido tan grande a la vida, que él mismo te resguardará del dolor de mi pérdida.¡Hay que estudiar, hay que combatir alegremente por la Revolución, pase lo que pase, caiga quien caiga! ¡No lágrimas! ¡A la lucha!"
A todas sus angustias se sumó, durante 1932, el embarazo de su Asela y el nacimiento de su hija. Le reiteraba de mil formas el dolor que experimentaba por no poder estar a su lado en esa etapa: por la difícil situación económica que ella pasaba en la Isla; la incertidumbre que le proporcionaba el no tener noticias de cómo transcurrió el alumbramiento, y la aflicción por la posibilidad de que, según le escribiera el 30 de julio de 1932, pocos días después del nacimiento de su Rusela:
“acaso nunca llegue a conocer a esa pequeñina ruso – cubana, a pesar de todo lo que representa un hijo en dificultades y preocupaciones... ¡me alegro tanto que tengas un bebé!”
 Al agravarse su enfermedad regresa al sanatorio del Cáucaso y allí recibe la noticia de lo irreversible de la misma y decide regresar a Cuba para conocer a su hija, acompañar a su esposa, y entregar sus últimos alientos vitales al esfuerzo popular para derrocar a Machado.

A pesar de su enfermedad organizó y dirigió la Huelga General que derrocó a Machado el 12 de agosto de 1933. Participa en el recibimiento de las cenizas de Mella en el año 1933. En diciembre, asiste a su última reunión antes de ser recluido en el Sanatorio La Esperanza.

Sepelio de Villena en el Cementerio Colón
Tenía 34 años de edad cuando la noche del 16 de enero de 1934, en un sanatorio de las afueras de La Habana.

Su muerte coincidió con la culminación del IV Congreso de Unidad Sindical y a su entierro asistieron todos los delegados con sus credenciales y los estandartes de los sindicatos, seguidos por más de 20 mil trabajadores.



Obra Poética

Tuvo una breve pero fecunda vida como poeta, su obra oscila entre las manifestaciones de la prosa y la poesía. Legó poemas muy reconocidos como “La Pupila Insomne”, “Mensaje Lírico Civil”, "El gigante", "Insuficiencia de la escala y el iris", “El anhelo inútil”, entre otros. El año 1923 marcó importantes hitos en su obra poética, sin embargo renunció a escribir poesía para entregarse completamente a la lucha revolucionaria.

En abril de 1925  gana el premio de poesía en los Juegos Florales de Holguín con La Medalla del Soneto Clásico.

En su conocida recopilación de la poesía republicana Cincuenta años de poesía cubana (1902 – 1952), Cintio Vitier dice que:
"como poeta, Rubén Martínez Villena fue sin duda uno de los temperamentos más penetrantes de este período", y señala, entre sus características, "la ironía sentimental", un "lánguido y morboso pesimismo", cierta "agudeza lírica y metafísica" y "la inflexión y el fuego, de los Versos libres de José Martí" en algunos de sus poemas.
Anhelo Inútil 
¡Oh mi ensueño, mi ensueño,
vanamente me exaltas!;
¡Oh mi inútil empeño
por subir donde subes!
Estas alas tan cortas
y esas nubes tan altas,
y estas alas queriendo
conquistar esas nubes
Rubén Martínez Villena  

Motivos
Gracias por el sufrimiento nuevo que me diste
gracias por el ensueño que bordé sobre ti;
gracias por el encanto de lo bello y lo triste,
gracias por aquel beso tuyo que me perdí.

Alma de cazadora, tu aventurera furia
entró de cacería a mi selva interior;
domaste la pantera negra de mi lujuria
cobraste la paloma blanca de mi dolor.

Y hoy eres un motivo de mi lírica escasa
que me habla de aquel día de sol en el ayer...
Tu recuerdo es como una libélula que pasa
desorientadamente bajo mi atardecer.

Esta es una invitación a sumergirnos en la poesía de Rubén Martínez Villena, que como dice Cintio Vitier es uno de los temperamentos más penetrantes del período de la poesía republicana.

ref. www.ecured.cu
      www.lahabanaelegante.com
      www.lapupilainsomne.wordpress.com


miércoles, 28 de noviembre de 2012

JOSÉ MARTÍ: "Con todos, y para el bien de todos".


Cubanos: 

Para Cuba que sufre, la primera palabra. De altar se ha de tomar a Cuba, para ofrendarle nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella. Y ahora, después de evocado su amadísimo nombre, derramaré la ternura de mi alma sobre estas manos generosas que ¡no a deshora por cierto! acuden a dármele fuerzas para la agonía de la edificación; ahora, puestos los ojos más arriba de nuestras cabezas y el corazón entero sacado de mí mismo, no daré gracias egoístas a los que creen ver en mí las virtudes que de mí y de cada cubano desean; ni al cordial Carbonell, ni al bravo Rivero, daré gracias por la hospitalidad magnífica de sus palabras, y el fuego de su cariño generoso; sino que todas las gracias de mi alma les daré, y en ellos a cuantos tienen aquí las manos puestas a la faena de fundar, por este pueblo de amor que han levantado cara a cara del dueño codicioso que nos acecha y nos divide; por este pueblo de virtud, en donde se aprueba la fuerza libre de nuestra patria trabajadora; por este pueblo culto, con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan, y truenos de Mirabeau junto a artes de Roland, que es respuesta de sobra a los desdeñosos de este mundo; por este templo orlado de héroes y alzado sobre corazones. Yo abrazo a todos los que saben amar. Yo traigo la estrella, y traigo la paloma en mi corazón.

No nos reúne aquí, de puro esfuerzo y como a regañadientes, el respeto periódico a una idea de que no se puede adjurar sin deshonor; ni la respuesta siempre pronta, y a veces demasiado pronta, de los corazones patrios a un solicitante de fama, o a un alocado de poder, o a un héroe que no corona el ansia inoportuna de morir con el heroísmo superior de reprimirla, o a un menesteroso que bajo la capa de la patria anda sacando la mano limosnera. Ni el que viene se afeará jamás con la lisonja, ni es este noble pueblo que lo recibe pueblo de gente servil y llevadiza. Se me hincha el pecho de orgullo, y amo aún más a mi patria desde ahora, y creo aún más desde ahora en su porvenir ordenado y sereno, en el porvenir, redimido del peligro grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los que se valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio; creo aún más en la república de ojos abiertos, ni insensata ni tímida, ni togada ni descuellada, ni sobreculta ni inculta, desde que veo, por los avisos sagrados del corazón, juntos en esta noche de fuerza y pensamiento, juntos para ahora y para después, juntos para mientras impere el patriotismo, a los cubanos que ponen su opinión franca y libre por sobre todas las cosas, -y a un cubano que se las respeta.

Porque si en las cosas de mi patria me fuera dado preferir un bien a todos los demás, un bien fundamental que de todos los del país fuera base y principio, y sin el que los demás bienes serían falaces e inseguros, ese sería el bien que yo prefiriera: yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre. En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre: envilece a los pueblos desde la cuna el hábito de recurrir a camarillas personales, fomentadas por un interés notorio o encubierto, para la defensa de las libertades: sáquese a lucir, y a incendiar las almas, y a vibrar como el rayo, a la verdad, y síganla, libres, los hombres honrados. Levántese por sobre todas las cosas esta tierna consideración, este viril tributo de cada cubano a otro. Ni misterios, ni calumnias, ni tesón en desacreditar, ni largas y astutas preparaciones para el día funesto de la ambición. O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos. Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay, lúgubre de Francia! ¡Mejor caer bajo los excesos del carácter imperfecto de nuestros compatriotas, que valerse del crédito adquirido con las armas de la guerra o las de la palabra que rebajarles el carácter! Este es mi único título a estos cariños, que han venido a tiempo a robustecer mis manos incansables en el servicio de la verdadera libertad. ¡Muérdanmelas los mismos a quienes anhelase yo levantar más, y ¡no miento! amaré la mordida, porque me viene de la furia de mi propia tierra, y porque por ella veré bravo y rebelde a un corazón cubano! ¡Unámonos, ante todo, en esta fe; juntemos las manos, en prenda de esa decisión, donde todos las vean, y donde no se olvida sin castigo; cerrémosle el paso a la república que no venga preparada por medios dignos del decoro del hombre, para el bien y la prosperidad de todos los cubanos!

¡De todos los cubanos! Yo no sé qué misterio de ternura tiene esta dulcísima palabra, ni qué sabor tan puro sobre el de la palabra misma de hombre, que es ya tan bella, que si se le pronuncia como se debe, parece que es el aire como nimbo de oro, y es trono o cumbre de monte la naturaleza! Se dice cubano, y una dulzura como de suave hermandad se esparce por nuestras entrañas, y se abre sola la caja de nuestros ahorros, y nos apretamos para hacer un puesto más en la mesa, y echa las alas el corazón enamorado para amparar al que nació en la misma tierra que nosotros, aunque el pecado lo trastorne, o la ignorancia lo extravíe, o la ira lo enfurezca, o lo ensangriente el crimen! ¡Cómo que unos brazos divinos que no vemos nos aprietan a todos sobre un pecho en que todavía corre la sangre y se oye todavía, sollozar el corazón! Créese allá en nuestra patria, para darnos luego trabajo de piedad, créese, donde el dueño corrompido pudre cuanto mira, un alma cubana nueva, erizada y hostil, un alma hosca, distinta de aquella alma casera y magnánima de nuestros padres e hija natural de la miseria, que ve triunfar al vicio impune, y de la cultura inútil, que sólo halla empleo en la contemplación sorda de sí misma! ¡Acá, donde vigilamos por los ausentes, donde reponemos la casa que allá se nos cae encima, donde creamos lo que ha de reemplazar a lo que allí se nos destruye, acá no hay palabra que se asemeje más a la luz del amanecer, ni consuelo que se entre con más dicha por nuestro corazón, que esta palabra inefable y ardiente de cubano!

¡Porque eso es esta ciudad, eso es la emigración cubana entera, eso es lo que venimos haciendo en estos años de trabajo sin ahorro, de familia sin gusto, de vida sin sabor, de muerte disimulada! ¡A la patria que allí se cae a pedazos y se ha quedado ciega de la podre, hay que llevar la patria piadosa y previsora que aquí se levanta! ¡A lo que queda de patria allí, mordido de todas partes por la gangrena que empieza a roer el corazón, hay que juntar la patria amiga donde hemos ido, acá en la soledad, acomodando el alma, con las manos firmes que pide el buen cariño, a las realidades todas, de afuera y de adentro, tan bien veladas allí en unos por la desesperación y en otros por el goce babilónico, que con ser grandes certezas y grandes esperanzas y grandes peligros, son, aun para los expertos, poco menos que desconocidas! ¿Pues qué saben allá de esta noche gloriosa de resurrección, de la fe determinada y metódica de nuestros espíritus, del acercamiento continuo y creciente de los cubanos de afuera, que los errores de los diez años y las veleidades naturales de Cuba, y otras causas maléficas no han logrado por fin dividir, sino allegar tan íntima y cariñosamente que no se ve sino un águila que sube, y un sol que va naciendo, y un ejército que avanza? ¿Qué saben allá de estos tratos sutiles, que nadie prepara ni puede detener, entre el país desesperado y los emigrados que esperan? ¿Qué saben de este carácter nuestro fortalecido, de tierra en tierra, por la prueba cruenta y el ejercicio diario? ¿Qué saben del pueblo liberal, y fiero, y trabajador, que vamos a llevarles? ¿Qué sabe el que agoniza en la noche, del que le espera con los brazos abiertos en la aurora? Cargar barcos puede cualquier cargador; y poner mecha al cañón cualquier artillero puede; pero no ha sido esa tarea menor, y de mero resultado y oportunidad, la tarea única de nuestro deber, sino la de evitar las consecuencias dañinas, y acelerar las felices, de la guerra próxima, e inevitable, e irla limpiando, como cabe en lo humano, del desamor y del descuido y de los celos que la pudiesen poner donde sin necesidad ni excusa nos pusieron la anterior, y disciplinar nuestras almas libres en el conocimiento y orden de los elementos reales de nuestro país, y en el trabajo que es el aire y el sol de la libertad, para que quepan en ella sin peligro, junto a las fuerzas creadoras de una situación nueva, aquellos residuos inevitables de las crisis revueltas que son necesarias para constituirlas. Y las manos nos dolerán más de una vez en la faena sublime, pero los muertos están mandando, y aconsejando, y vigilando, y los vivos los oyen, y los obedecen, y se oye en el viento ruido de ayudantes que pasan llevando órdenes, y de pabellones que se desplegan! ¡Unámonos, cubanos, en esta otra fe: con todos, y para todos: la guerra inevitable, de modo que la respete y la desee y la ayude la patria, y no nos la mate, en flor, por local o por personal o por incompleta, el enemigo: la revolución de justicia y de realidad, para el reconocimiento y la práctica franca de las libertades verdaderas.

Ni los bravos de la guerra que me oyen tienen paces con estos análisis menudos de las cosas públicas, porque al entusiasta le parece crimen la tardanza misma de la sensatez en poner por obra el entusiasmo; ni nuestra mujer, que aquí oye atenta, sueña más que en volver a pisar la tierra propia, donde no ha de vivir su compañero, agrio como aquí vive y taciturno: ni el niño, hermano o hijo de mártires y de héroes, nutrido en sus leyendas, piensa en más que en lo hermoso de morir a caballo, peleando por el país, al pie de una palma!

¡Es el sueño mío, es el sueño de todos; las palmas son novias que esperan: y hemos de poner la justicia tan alta como las palmas! Eso es lo que queríamos decir. A la guerra del arranque, que cayó en el desorden, ha de suceder, por insistencia de los males públicos, la guerra de la necesidad, que vendría floja y sin probabilidad de vencer, si no le diese su pujanza aquel amor inteligente y fuerte del derecho por donde las almas más ansiosas de él recogen de la sepultura el pabellón que dejaron caer, cansados del primer esfuerzo, los menos necesitados de justicia. Su derecho de hombres es lo que buscan los cubanos en su independencia; y la independencia se ha de buscar con alma entera de hombre. ¡Que Cuba, desolada, vuelve a nosotros los ojos! ¡Que los niños ensayan en los troncos de los. caminos la fuerza de sus brazos nuevos! ¡Que las guerras estallan, cuando hay causas para ella, de la impaciencia de un valiente o de un grano de maíz! ¡Que el alma cubana se está poniendo en fila, y se ven ya, como al alba, las masas confusas! ¡Que el enemigo, menos sorprendido hoy, menos interesado, no tiene en la tierra los caudales que hubo de defender la vez pasada, ni hemos de entretenemos tanto como entonces en dimes y diretes de localidad, ni en competencias de mando, ni en envidias de pueblo, ni en esperanzas locas! ¡Que afuera tenemos el amor en el corazón, los ojos en la costa, la mano en la América, y el alma al cinto! ¿Pues quién no lee en el aire todo eso con letras de luz? Y con letras de luz se ha de leer que no buscamos, en este nuevo sacrificio, meras formas, ni la perpetuación del alma colonial en nuestra vida, con novedades de uniforme yankee, sino la esencia y realidad de un país republicano nuestro, sin miedo canijo de unos a la expresión saludable de todas las ideas y el empleo honrado de todas las energías,-ni de parte de otros aquel robo al hombre que consiste en pretender imperar en nombre de la libertad por violencias en que se prescinde del derecho de los demás a las garantías y los métodos de ella. Por supuesto, que se nos echarán atrás los petimetres de la política, que olvidan como es necesario contar con lo que no se puede suprimir,-y que se pondrá a refunfuñar el patriotismo de polvos de arroz, so pretexto de que los pueblos. en el sudor de la creación, no dan siempre olor de clavellina. ¿Y qué le hemos de hacer? ¡Sin los gusanos que fabrican la tierra no podrían hacerse palacios suntuosos! En la verdad hay que entrar con la camisa al codo, como entra en la res el carnicero. Todo lo verdadero es santo, aunque no huela a clavellina. Todo tiene la entraña fea y sangrienta: es fango en las artesas el oro en que el artista talla luego sus joyas maravillosas; de lo fétido de la vida saca almíbar la fruta y colores la flor; nace el hombre del dolor y la tiniebla del seno maternal, y del alarido y el desgarramiento sublime: y las fuerzas magníficas y corrientes de fuego que en el horno del sol se precipitan y confunden, no parecen de lejos a los ojos humanos sino manchas! ¡Paso a los que no tienen miedo a la luz: caridad para los que tiemblan de sus rayos!

Ni vería yo esa bandera con cariño, hecho como estoy a saber que lo más santo se toma como instrumento del interés por los triunfadores audaces de este mundo, si no creyera que en sus pliegues ha de venir la libertad entera, cuando el reconocimiento cordial del decoro de cada cubano, y de los modos equitativos de ajustar los conflictos de sus intereses, quite razón a aquellos consejeros de métodos confusos que sólo tienen de terribles lo que tiene de terca la pasión que se niega a reconocer cuánto hay en sus demandas de equitativo y justiciero. ¡Clávese la lengua del adulador popular, y cuelgue al viento como banderola de ignominia, donde sea castigo de los que adelantan sus ambiciones azuzando en vano la pena de los que padecen, u ocultándoles verdades esenciales de su problema, o levantándoles la ira:-y al lado de la lengua de los aduladores, clávese la de los que se niegan a la justicia!

¡La lengua del adulador se clave donde todos la vean,- y la de los que toman por pretexto las exageraciones a que tiene derecho la ignorancia, y que no puede acusar quien no ponga todos los medios de hacer cesar la ignorancia, para negarse a acatar lo que hay de dolor de hombre y de agonía sagrada en las exageraciones que es más cómodo excomulgar, de toga y birrete, que estudiar, lloroso el corazón, con el dolor humano hasta los codos! En el presidio de la vida es necesario poner, para que aprendan justicia, a los jueces de la vida. El que juzgue de todo, que lo conozca todo. No juzgue de prisa el de arriba, ni por un lado: no juzgue el de abajo por un lado ni de prisa. No censure el celoso el bienestar que envidia en secreto. No desconozca el pudiente el poema conmovedor, y el sacrificio cruento, del que se tiene que cavar el pan que come; de su sufrida compañera, coronada de corona que el injusto no ve; de los hijos que no tienen lo que tienen los hijos de los otros por el mundo! ¡Valiera más que no se desplegara esa bandera de su mástil, si no hubiera de amparar por igual a todas las cabezas!

Muy mal conoce nuestra patria, la conoce muy mal, quien no sepa que hay en ella, como alma de lo presente y garantía de lo futuro, una enérgica suma de aquella libertad original que cría el hombre en sí, del jugo de la tierra y de las penas que ve, y de su idea propia y de su naturaleza altiva. Con esta libertad real y pujante, que sólo puede pecar por la falta de la cultura que es fácil poner en ella, han de contar más los políticos de carne y hueso que con esa libertad de aficionados que aprenden en los catecismos de Francia o de Inglaterra, los políticos de papel. Hombres somos, y no vamos a querer gobiernos de tijeras y de figurines, sino trabajo de nuestras cabezas, sacado del molde de nuestro país. Muy mal conoce a nuestro pueblo quien no observe en él como a la par de este ímpetu nativo que lo levanta para la guerra y no lo dejará dormir en la paz, se ha criado con la experiencia y el estudio, y cierta ciencia clara que da nuestra tierra hermosa, un cúmulo de fuerzas de orden, humanas y cultas,-una falange de inteligencias plenas, fecundadas por el amor al hombre, sin el cual la inteligencia no es más que azote y crimen,-una concordia tan íntima, venida del dolor común, entre los cubanos de derecho natural, sin historia y sin libros, y los cubanos que han puesto en el estudio la pasión que no podían poner en la elaboración de la patria nueva,-una hermandad tan ferviente entre los esclavos ínfimos de la vida y los esclavos de una tiranía aniquiladora,-que por este amor unánime y abrasante de justicia de los de un oficio y los de otro; por este ardor de humanidad igualmente sincero en los que llevan el cuello alto, porque tienen alta la nuca natural, y los que los llevan bajo, porque la moda manda lucir el cuello hermoso; por esta patria vehemente en que se reúnen con iguales sueños, y con igual honradez, aquellos a quienes pudiese divorciar el diverso estado de cultura-sujetará nuestra Cuba, libre en la armonía de la equidad, la mano de la colonia que no dejará a su hora de venírsenos encima, disfrazada con el guante de la república. ¡Y cuidado, cubanos, que hay guantes tan bien imitados que no se diferencian de la mano natural! A todo el que venga a pedir poder, cubanos, hay que decirle a la luz, donde se vea la mano bien: ¿mano o guante?-Pero no hay que temer en verdad, ni hay que regañar. Eso mismo que hemos de combatir, eso mismo nos es necesario. Tan necesario es a los pueblos lo que sujeta como lo que empuja: tan necesario es en la casa de familia el padre, siempre activo, como la madre, siempre temerosa. Hay política hombre y política mujer. ¿Locomotora con caldera que la haga andar, y sin freno que la detenga a tiempo? Es preciso, en cosas de pueblos, llevar el freno en una mano, y la caldera en la otra. Y por ahí padecen los pueblos: por el exceso de freno, y por el exceso de caldera.

¿A qué es, pues, a lo que habremos de temer? ¿Al decaimiento de nuestro entusiasmo, a lo ilusorio de nuestra fe, al poco número de los infatigables, al desorden de nuestras esperanzas? Pues miro yo a esta sala, y siento firme y estable la tierra bajo mis pies, y digo: "Mienten." Y miro a mi corazón, que no es más que un corazón cubano, y digo:- `Mienten."

¿Tendremos miedo a los hábitos de autoridad contraídos en la guerra, y en cierto modo ungidos por el desdén diario de la muerte? Pues no conozco yo lo que tiene de brava el alma cubana, y de sagaz y experimentado el juicio de Cuba, y lo que habrían de contar las autoridades viejas con las autoridades vírgenes, y aquel admirable concierto de pensamiento republicano y la acción heroica que honra, sin excepciones apenas, a los cubanos que cargaron armas; o, como que conozco todo eso, al que diga que de nuestros veteranos hay que esperar ese amor criminal de sí, ese postergamiento de la patria a su interés, esa traición inicua a su país, le digo: -"!Mienten!"

¿O nos ha de echar atrás el miedo a las tribulaciones de la guerra, azuzado por gente impura que está a paga del gobierno español, el miedo a andar descalzo, que es un modo de andar ya muy común en Cuba, porque entre los ladrones y los que los ayudan, ya no tienen en Cuba zapatos sino los cómplices y los ladrones? ¡Pues como yo sé que el mismo que escribe un libro para atizar el miedo a la guerra, dijo en versos, muy buenos por cierto, que la jutía basta a todas las necesidades del campo en Cuba, y sé que Cuba está otra vez llena de jutías, me vuelvo a los que nos quieren asustar con el sacrificio mismo que apetecemos, y les digo:-"Mienten".

¿Al que más ha sufrido en Cuba por la privación de la libertad le tendremos miedo, en el país donde la sangre que derramó por ella se la ha hecho amar demasiado para amenazarla? ¿Le tendremos miedo al negro, al negro generoso, al hermano negro, que en los cubanos que murieron por el ha perdonado para siempre a los cubanos que todavía lo maltratan? Pues yo se de manos de negro que están más dentro de la virtud que las de blanco alguno que conozco: yo sé del amor negro a la libertad sensata, que sólo en la intensidad mayor y natural y útil se diferencia del amor a la libertad del cubano blanco: yo sé que el negro ha erguido el cuerpo noble, y está poniéndose de columna firme de las libertades patrias. Otros le teman: yo lo amo: a quien diga mal de él, me lo desconozca, le digo a boca llena:-"Mienten".

¿Al español en Cuba habremos de temer? ¿Al español armado, que no nos pudo vencer por su valor, sino por nuestras envidias, nada más que por nuestras envidias? ¿Al español que tiene en el Sardinero o en la Rambla su caudal y se irá con su caudal, que es su única patria; o al que lo tiene en Cuba, por apego a la tierra o por la raíz de los hijos, y por miedo al castigo opondrá poca resistencia, y por sus hijos? ¿Al español llano, que ama la libertad como la amamos nosotros, y busca con nosotros una patria en la justicia, superior al apego a una patria incapaz e injusta, al español que padece, junto a su mujer cubana, del desamparo irremediable y el mísero porvenir de los hijos que le nacieron con el estigma de hambre y persecución, con el decreto de destierro en su propio país, con la sentencia de muerte en vida con que vienen al mundo los cubanos? ¿Temer al español liberal y bueno, a mi padre valenciano, a mi fiador montañés, al gaditano que me velaba el sueño febril, al catalán que juraba y votaba porque no quería el criollo huir con sus vestidos, al malagueño que saca en sus espaldas del hospital al cubano impotente, al gallego que muere en la nieve extranjera, al volver de dejar el pan del mes en la casa del general en jefe de la guerra cubana? ¡Por la libertad del hombre se pelea en Cuba, y hay muchos españoles que aman la libertad! ¡A estos españoles los atacarán otros: yo los ampararé toda mi vida! A los que no saben que esos españoles son otros tantos cubanos, les decimos: "¡Mienten!"

¿Y temeremos a la nieve extranjera? Los que no saben bregar con sus manos en la vida, o miden el corazón de los demás por su corazón espantadizo, o creen que los pueblos son meros tableros de ajedrez, o están tan criados en la esclavitud que necesitan quien les sujete el estribo para salir de ella, esos buscarán en un pueblo de componentes extraños y hostiles la república que sólo asegura el bienestar cuando se le administra en acuerdo con el carácter propio, y de modo que se acendre y realce. A quien crea que falta a los cubanos coraje y capacidad para vivir por sí en la tierra creada por su valor, le decimos: "Mienten".

Y a los lindoros que desdeñan hoy esta revolución santa cuyos guías y mártires primeros fueron hombres nacidos en el mármol y seda de la fortuna, esta santa revolución que en el espacio más breve hermanó, por la virtud redentora de las guerras justas, al primogénito heroico y al campesino sin heredad, al dueño de hombres y a su esclavos; a los olimpos de pisapapel, que bajan de la trípode calumniosa para preguntar aterrados, y ya con ánimos de sumisión, si ha puesto el pie en tierra este peleador o el otro, a fin de poner en paz el alma con quien puede mañana distribuir el poder; a los alzacolas que fomentan a sabiendas, el engaño de los que creen este magnífico movimiento de almas, esta idea encendida de la redención decorosa, este deseo triste y firme de la guerra inevitable, no es más que el tesón de un rezagado indómito, o la correría de un general sin empleo, o la algazara de los que no gozan de una riqueza que sólo se puede mantener por la complicidad con el deshonor, o la amenaza de una turba obrera, con odio por corazón y papeluchos por sesos, que irá, como del cabestro, por donde la quiera llevar el primer ambicioso que la adule, o el primer déspota encubierto que le pase por los ojos la bandera,-a lindoros, o a olimpos, y a alzacolas, -les diremos: -"Mienten." ¡Esta es la turba obrera, el arca de nuestra alianza, el tahalí, bordado de mano de mujer, donde se ha guardado la espada de Cuba, el arenal redentor donde se edifica, y se perdona, y se prevee, y se ama!

¡Basta, basta de meras palabras! Para lisonjearnos no estamos aquí, sino para palparnos los corazones, y ver que viven sanos, y que pueden; para irnos enseñando a los desesperanzados, a los desbandados, a los melancólicos, en nuestra fuerza de idea y de acción, en la virtud probada que asegura la dicha por venir, en nuestro tamaño real, que no es de presuntuoso, ni de teorizante, ni de salmodista, ni de melómano, ni de caza nubes, ni de pordiosero. Ya somos unos, y podemos ir al fin: conocemos el mal, y veremos de no recaer; a puro amor y paciencia hemos congregado lo que quedó disperso, y convertido en orden entusiasta lo que era, después de la catástrofe, desconcierto receloso; hemos procurado la buena fe, y creemos haber logrado, suprimir o reprimir los vicios que causaron nuestra derrota, y allegar con modos sinceros y para fin durable, los elementos conocidos o esbozados, con cuya unión se puede llevar la guerra inminente al triunfo. ¡Ahora, a formar filas! ¡Con esperar, allá en lo hondo del alma, no se fundan pueblos! Delante de mí vuelvo a ver los pabellones, dando órdenes; y me parece que el mar que de allá viene, cargado de esperanza y de dolor, rompe la valla de la tierra ajena en que vivimos, y revienta contra esas puertas sus olas alborotadas... ¡Allá está, sofocada en los brazos que nos la estrujan y corrompen! ¡Allá está, herida en la frente, herida en el corazón, presidiendo, atada a la silla de tortura, el banquete donde las bocamangas de galón de oro ponen el vino del veneno en los labios de los hijos que se han olvidado de sus padres! ¡Y el padre murió cara a cara al alférez, y el hijo va, de brazos con el alférez, a podrirse a la orgía! ¡Basta de meras palabras! De las entrañas desgarradas levantemos un amor inextinguible por la patria sin la que ningún hombre vive feliz, ni el bueno, ni el malo. Allí está, de allí nos llama, se la oye gemir, nos la violan y nos la befan y nos la gangrenan a nuestro ojos, nos corrompen y nos despedazan a la madre de nuestro corazón! ¡Pues alcémonos de una vez, de una arremetida última de los corazones, alcémonos de manera que no corra peligro la libertad en el triunfo, por el desorden o por la torpeza o por la impaciencia en prepararla; alcémonos, para la república verdadera, los que por nuestra pasión por el derecho y por nuestro hábito del trabajo sabremos mantenerla; alcémonos para darle tumba a los héroes cuyo espíritu vaga por el mundo avergonzado y solitario; alcémonos para que algún día tengan tumba nuestros hijos! Y pongamos alrededor de la estrella, en la bandera nueva, esta fórmula del amor triunfante: "Con todos, y para el bien de todos".
                                                
                                         


Este discurso fue dado por José Martí en el Liceo Cubano en Tampa el 26 de noviembre de 1891. El señor Francisco María Gonzáles lo tomó taquigráficamente y después fue reproducido bajo el nombre de “Con todos y para el bien de todos” y distribuido en hojas sueltas.

El dibujo de la entrada, es un autorretrato de Martí.